A ver, real que con mi grupo de amigas tenemos debate, porque el 50% dicen que pinta a historia de amor increíble y el otro 50% me gritan que salga de ahí y que ni se me ocurra meterme en ese berenjenal, así que vengo a ver si me podéis ayudar a desempatar.
En la puerta de enfrente a la mía, en mi mismo edificio, se ha mudado un chaval suizo, me pasó una nota por debajo de la puerta explicándome su situación, diciéndome que no tenía acceso a internet que la compañía estaba de vacaciones y que iban a tardar varios días en instalarle el router, que necesitaba hacer videollamada con su familia, que no le quedaban datos y que si por favor le podía dejar mi clave. Después de sopesar pros y contras le di mi contraseña y pensé ‘a malas la cambio dentro de una semana y listo’.
Pues bien, desde entonces las notas han continuado por debajo de la puerta, que si gracias de verdad, que no sabía cuántos años tenía y que tenía miedo de que fuera una señora mayor sin internet, le dije que tenía 27 y que de nada, que si necesitaba cualquier otra cosa que me dijera, me dijo que necesitaba alguien con quien tomar cervezas, le dije que no fuera tan rápido y así pues casi cada día con las notitas como si tuviéramos 15 años cada uno.
Bien, el siguiente paso fue que me encontró en Instagram y no tengo ni puta idea de cómo lo pudo conseguir porque solo sabe mi nombre y mi usuario no tiene mi nombre por ninguna parte.

Ahí fue cuando mis amigas empezaron la RED FLAG, las otra decían que cosas peores habían descubierto ellas en RRSS que a fin de cuentas cualquiera que sepa desenvolverse un poco y tenga tiempo libre se puede marcar un CSI.
La cosa es que físicamente está muy bien, es guapete, parece majo y eso, ¿el problema? Es MUY pesado, si no le contesto enseguida se pica; si me escribe no le contesto y subo una historia me contesta en plan ‘no me escribes pero estás activa’.
La cosa es que me dedico a entrar y a salir CORRIENDO de casa por miedo a encontrármelo (aún no nos hemos visto en persona) y no sé si es miedo de mal rollo o miedo de gusanillo de ay qué vergüenza.
La cosa: ¿¡qué coño hago?! Es que si sale bien puede ser muy bien, pero como salga puede ser muy mal. Es que estamos puerta con puerta literal.