No tenemos 15 años. Estamos en la edad de tener hijas de 15: entre los 40 y los 44. Lo que me ha pasado quizá a otras les enfadaría. A mí, más que enfadarme, me entristece, porque yo jamás me comportaría así con nadie.
Para que se entienda, tengo que contar algo que pasó hace ya doce años. Yo tenía 32 cuando conocí a un tipo, era del trabajo pero de otro departamento, no estabamos en el mismo edificio, que me dijo que acababa de dejarlo con su novia. Estuvimos unos seis meses. Resumiendo mucho: en realidad había sido ella quien lo había dejado a él porque era un capullo, pero él seguía detrás de ella sin renunciar tampoco a tener historias con otras. Ella vivía en una ciudad cercana y ambos eran del mismo pueblo.
Un día de septiembre estábamos en una terraza y nos encontramos con una conocida suya y de la novia. Él se puso blanco. Yo no entendía nada. Después supe que, durante las fiestas de su pueblo, en julio, había vuelto a liarse con su ex, era plausible que volvieran. Pero me había sido infiel a mi
Aquella conocida se lo contó a la novia y a él no se le ocurrió otra cosa que decirle que yo iba detrás de él, que solo habíamos tenido un rollo pasajero y no sé cuántas historias más. El tipejo este me hizo después un ghosting de campeonato. Para colmo, la novia me escribió por Facebook para llamarme arrastrada. Me dijo que su novio era un cabrón y “lo puto peor”, que iba a romper otra vez con él, pero que yo no me quedaba atrás por estar con su novio sabiendo que habían vuelto.
Yo le conté la verdad y ella solo respondió: “Fea y mentirosa, lo tienes todo, chica”, estuve semanas con una ansiedad tremenda. Spoiler: acabaron casándose.
Yo ya había olvidado todo aquello, aunque en su momento me dejó bastante tocada.
Ahora, en el presente, tengo tres amigas. No es una amistad profundísima; las conocí ya pasados los 35, pero quedábamos, hacíamos cosas juntas, comidas, cenas, algunos viajes… Después de que mis amigas del instituto y de la universidad fueran haciendo su vida y teniendo hijos, ellas me ayudaron mucho a no sentirme tan sola.
El problema es que una de ellas conoció en unas clases del gimnasio a una tipa que parecía muy maja, se acababa de separar, estaba deseando hacer amigas. Y aquí viene lo fuerte: es la hermana de aquella novia del chico que nos engañó a las dos.
Yo supe quien era ella, es igual que su hermana. Ella me reconoció enseguida. Intentó disimularlo, pero desde el principio me puso mala cara. Y poco o poco mis amigas dejaron de proponer planes, repito que fue muy poco a poco, pero me di cuenta.
Al principio me parecía raro que ya no quedáramos tanto como antes, pero me decían que estaban cansadas o que tenían trabajo. Empezó a olerme mal, aunque no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Seguíamos quedando, sí, pero mucho menos, y la otra nunca venía cuando estaba yo.
Hasta el fin de semana pasado. Yo, ya harta de proponer planes y recibir excusas para no quedar, quedé con mi prima, que estaba de visita, para cenar y me las encontré allí a las cuatro. Increíble. No sabían ni qué decirme. Que había sido todo improvisado, que había surgido así… En fin, muy lamentable. Me entraron unas ganas de llorar tremendas.
El domingo, una de ellas, la que es más buena, me invitó a un café. Me dijo que no había dormido en toda la noche y, al final, me confesó la verdad: que la hermana no quiere que yo esté cuando salen. Que al principio ellas se negaron, pero que poco a poco han ido cediendo porque la tipa esta es “supermaja”.
Mi amiga me dijo que estaba siendo cobarde, que incluso su novio se lo había dicho. Ella decía que no quería meterse y él le respondió que, en situaciones así, no meterse también es tomar partido. La verdad es que ahora el novio me cae genial.
Y yo me he quedado bastante hecha polvo. No tengo pareja, vivo sola y mi familia está a dos mil kilómetros. No creo que me merezca esto. Además, no es fácil hacer amigos a estas edades. Lo he intentado, pero no me ha resultado.
Y veo esto como una traición absoluta. Es que no hay por dónde cogerlo. Estoy bastante deprimida por todo esto y lo peor es que siento que ya no hay vuelta atrás. No puedo fingir que no ha pasado nada.
Sorprendentemente, ya me han propuesto hacer un plan para la semana que viene, pero tengo cero ganas. Estoy muy de bajón.
