Desde que tenía 5 años siempre quise tener un perro y nunca me dejaron, así que cuando me mudé hace cuatro meses sola por primera vez a un piso, fui a una perrera y me quedé con un perro de tres años precioso.
La verdad es que me ha dado una alegría increíble y me lo llevo a todos lados, excepto a casa de mi familia, porque ninguno soporta a los animales.
En mi familia hay tradición de juntarnos una vez al mes a cenar todos juntos con los tíos, los primos, hermanos padres, etc. y yo llevo dos veces diciéndoles que no voy a ir porque no quiero dejar solo por la noche a mi perro. Lo intenté al principio, pero fue un desastre porque lo pasa muy mal, llora mucho y molesta a los vecinos por lo que me genera un problema. Al pobrecito le abandonaron, por eso debe pensar que yo voy a hacerle lo mismo.
Para mí es como mi familia, y si ellos no le aceptan en sus casas, no puedo juntarme con ellos por la noche. Les he dicho que lo cambien a una comida o a pasar la tarde juntos, pero se cabrean porque rompe la tradición y no me entienden.
No sé cómo conciliar esta situación, porque mi piso es demasiado pequeño para meter a tanta gente y tampoco vendrían estando el perro allí.
