Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Entiendo que cualquiera de nosotras puede meterse en una relación llena de banderas rojas o que la rutina haga mella en ella y que luego no sepamos como salir de nuestra zona de confort aunque sea de todo menos confortable. Soy la primera que he vivido relaciones que no eran sanas y que he necesitado un tiempo para salir de ellas.
Pero hay gente que está toda la vida diciendo que se va a separar, que no soporta a su pareja, que su pareja le es infiel, que no hace nada en casa, etc. pero no es capaz de dar el paso. Esto ya me cuesta más de entender. Y diréis, mientras yo esté bien, ¿a mí qué me importa? Sí me importa, porque si este tipo de personas siguen con su rutina y su infelicidad en silencio, me parecerá igual de mal y me sabrá fatal por ellas, pero si además siempre te llaman para contarte lo mismo, siempre que quedáis es monotema y tú haces más de psicóloga que de amiga, llega un momento que tienes ganas de decir, si no vas a hacer algo para solucionarlo, no me vuelvas a contar una y otra vez lo mismo.
Me cuesta entender que la gente se quiera tan poco o que tengan tan poca fuerza de voluntad, que prefieran tirarse media vida siendo desgraciadas que dar un golpe en la mesa, dejar la relación y seguir con sus vidas después del duelo.
Por otro lado, tampoco entiendo a aquellas personas tan necesitadas de pareja que no saben estar solas, que conocen a alguien que desde el minuto uno es una bandera roja con patas, pero que les da igual, que como les gusta mucho y les hace caso, prefieren meterse de lleno en la boca del lobo. Puedo entenderlo a los veinte, puedo entenderlo antes de tener un poco de experiencia personal o madurez emocional, pero no puedo entender que con casi cuarenta años, después de relaciones fallidas por lo mismo, se vuelva a repetir el mismo patrón. Hay gente que no sabe estar ni dos semanas soltera, y ese es el peligro, el peligro de engancharse a lo primero que venga, sin elegir lo más mínimo, sin esperar nada a cambio, solo algo de compañía. Y ahí vuelve otra vez la pena, y el mismo bucle.
Tengo amigas que llevan décadas con parejas de las que se quejan continuamente, otras que les han sido infieles, otras que no hacen nada en casa ni ayudan con los niños, otras con hombres que están de fiesta en fiesta y algunas con parejas que tienen todo esto junto, pero siguen ahí, solo se quejan.
En cualquier ámbito de la vida me aburre la gente que se queja siempre de su vida, pero que no hace nada para cambiarla. Una vez y otra, siempre lo mismo. Te lo cuentan para que las escuches, solo para que las escuches y las compadezcas, porque si alguna vez te atreves a dar algún consejo, te dicen que cómo van a cambiar de trabajo, cómo se van a poner a estudiar ahora o cómo van a dejar al marido. Y que conste, que no soy de las que a la mínima dice de hacer un cambio, ni de dejar a la pareja ni de dejar la profesión, pero cuando escuchas siempre lo mismo y ves que tu amiga a la que quieres se merece algo mejor, te da rabia que no sea capaz de dar el paso.
Solo espero que estas mujeres amigas se armen un día de valor, se quieran suficiente y dejen todo aquello que no las haga feliz. Por eso, me siento muy orgullosa de todas aquellas que han sido capaces de dejar una relación de años en las que no eran felices, y que jamás se han arrepentido de ello.
