Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Después de ver Eurovisión este año, me ha vuelto a pasar lo de siempre: me quedo con una mezcla entre decepción, enfado y, sobre todo, una pregunta que: ¿por qué seguimos participando si está claro que no pintamos nada?
No es por sonar victimista ni decir que deberíamos ganar cada vez. Pero da igual lo que llevemos: algo emocional, algo rompedor, algo divertido, algo técnico, algo que gusta aquí, algo que gusta fuera…
El resultado siempre es el mismo: ignorados por el jurado, votación popular escasa y una sensación constante de estar de adorno o pagando el premio de otros.
Y este año ya ha sido el colmo. Ver cómo Israel, en plena polémica internacional con protestas dentro del propio festival ha quedado en una posición altísima, mientras España con una propuesta trabajada y muy eurovisiva queda casi de última…
Perdonad, pero es imposible no pensar en el componente político.
Que sí, que Eurovisión dice ser un evento musical y apolítico, pero todos sabemos que el voto del jurado responde muchas veces a afinidades entre países, intereses cruzados o simple postureo diplomático.
No hablo solo de España. Otros países que han llevado propuestas interesantísimas también han sido ignorados. Y luego hay países que pase lo que pase se puntúan alto llevando basuras.
No digo que dejemos de participar ya y para siempre. Pero sí que habría que replantearse qué nos aporta estar ahí. Si realmente tiene sentido volcar recursos, tiempo, ilusión y talento, para volver a casa cada año con la misma sensación: nos toman por el pito del sereno.
¿Soy la única que está cansada? ¿Alguien más siente que ya no es solo un concurso musical?
Me interesa mucho saber qué pensáis.
Saludos