Hace un año dejé la píldora después de más de diez años tomándola. Con mi chico, que llevamos dos años juntos, decidimos buscar un bebé y yo pensaba que sería cuestión de meses. Ingenua de mí… porque aquí estoy, con 38 años y un montón de tests negativos acumulados.
Lo que más me pesa es cómo todo a mi alrededor parece avanzar menos yo. Todas mis amigas están embarazadas o ya tienen hijos. En el grupo de WhatsApp es un festival de ecos, fotos de barrigas y baby showers. Yo pongo corazones y enhorabuenas, porque de verdad me alegro por ellas, pero por dentro siento que me estoy quedando atrás.
Y luego está el sexo. Antes era diversión y pasión, ahora es calendario en mano: “oye, que hoy toca porque estoy ovulando”. Entre apps, tests de ovulación y cuentas, se ha vuelto un poco trabajo. Y claro, cuando se convierte en obligación, la cabeza no disfruta igual. A veces pienso que ya ni sé si quiero un bebé o simplemente una noche de sexo sin cálculos de fertilidad de por medio.
Para colmo, desde que dejé la píldora cada regla es más dura. El dolor de la endometriosis está volviendo y cada mes que pasa lo noto más. No solo es el bajón de ver que no hay embarazo, también es tener que aguantar el dolor y sentir que mi propio cuerpo me recuerda lo difícil que puede ser todo esto. Esa mezcla me frustra todavía más.
La gente tampoco ayuda demasiado. Siempre hay alguien que te suelta el típico “relájate, ya llegará”, como si fuera tan fácil desconectar, o el “no lo pienses tanto”, justo cuando me baja la regla y me siento más frustrada que nunca. Y no falta la recomendación estrella: “iros de vacaciones, seguro que ahí cuaja”. Como si el sol y los mojitos fueran un remedio milagroso.
En el trabajo la cosa también pesa. Como no tengo hijos, me cargan con más tareas porque se supone que yo tengo más tiempo libre. Nadie piensa que también estoy con mi propia batalla, con médicos, estrés y un montón de dudas encima. Y sé que el estrés no ayuda, me lo repiten por todas partes, pero ¿cómo no estresarse con todo esto?
Menos mal que mi pareja me apoya un montón y eso es lo que me salva, pero no voy a mentir: hay días en los que se hace muy cuesta arriba. Solo quería soltarlo aquí, porque buscar embarazo no es solo ilusión y mariposas. También es frustración, comparaciones, sexo programado y la sensación de que el reloj va más rápido que tú. Y aunque sé que no soy la única, a veces se siente justo así: sola en medio de todo.
