Tanto mi marido como yo no tenemos una familia muy extensa, así que nos permitimos invitar a amigos que no eran precisamente íntimos. También hicimos un pequeño grupo con los compañeros de trabajo.
Al principio pensaba invitar a todas mis compañeras, seremos unas 30 en total y no me pareció mala idea hacer dos mesas y que vinieran todas pero, sinceramente, después de un problema que hubo en el trabajo, muchas de ellas enseñaron su verdadera cara y ya no me sentía cómoda invitándolas a todas, así que decidí invitar a las que más afinidad tenían conmigo.
Pues bien, quedé un día con las que iba a invitar y les di la invitación, lo hice fuera del trabajo, para no crear una situación violenta con las que no vendrían, pero aún así tuve movida.
Los días posteriores a la boda el ambiente en el trabajo estaba raro. Las compañeras con mala leche tenían más mala leche de lo habitual y en una de esas una de ellas me pegó una contestada. Yo, que soy poco de callarme las cosas, se la devolví y ahí comenzó una batalla campal que tenía como origen el hecho de que yo había invitado a unas sí y a otras no a la boda.
Sintiéndolo mucho, yo invité a aquellas con las que me llevo bien y a las que considero mis amigas. ¿Tan terrible he sido de no invitarlas a todas?
