Hay gente que disfruta delante de la cámara. Yo no soy de esas. No sé sonreir, no sé posar, estoy incomoda y luego se nota eternamente cada vez que vuelvo a verme en fotos. Si, tengo poca autoestima y si, quizás necesito algo de terapia, pero de momento no es algo que me afecte como para eso. O al menos eso creía.
Pero por algún motivo, parece que estoy haciendo algún delito si lo digo o no quiero salir en una foto.
Vamos de viaje, y yo hago las fotos, en plan postal, pero no necesito salir en ellas. Mi madre me dice: para demostrar que has estado. ¿A quien necesitas demostrar nada?
Pero lo peor es con mi pareja. Porque aún sabiéndolo, sigue haciéndomelas a escondidas. Que si fuera un buen fotógrafo pues direis: así son naturales. Pero no, no enfoca bien, no mira la pose, y luego las pone de fondo de pantalla en la tele de 40 pulgadas del comedor donde podemos disfrutarlas todo el que venga a casa.
Claro, luego para más, se queja de que salgo con cara de enfado, porque algo tan fácil como respetar un límite parece imposible de cumplir, o que choca con su derecho a tener fotos mías con la cara chueca y en la pose en que más gorda y vieja se me vea.
Y si lo hablamos o sale la conversación, hay algún que otro comentario pasivo agresivo, y no solo no me siento respetada, que sería lo mínimo, tampoco comprendida.
Según él, que tiene poca memoria y necesita las fotos para recordar (aunque luego no salga nada identificativo del lugar o el momento, solo unas personas en una pared aleatoria de algún lugar del mundo). Yo no necesito verme en una foto para recordar, prefiero hacer la foto al paisaje, o al monumento que si identifica el lugar que he visitado.
¿Qué pesa mas: mi derecho a no ser fotografiada sin permiso, ni siquiera por mi pareja, o de mi pareja a tener recuerdos de familia?
