Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Estos años hemos pasado de todo y siempre hemos estado la una para la otra. Ella ha cambiado de ciudad varias veces y nunca nos afectó.
De nuevo vive fuera de mi ciudad y vuelve poco pero cuando lo hace siempre me dice de vernos.
Tiene dos hijos y me he acostumbré a tener que adaptarme hace mucho tiempo a sus tiempos y sus planes. Y nunca me quejé. Si la idea era juntarnos en un parque, bien, si decía de juntarnos con más gente, bien, si tenía un largo desplazamiento, bien, si me dedicaba cinco minutos, bien, cualquier cosa, yo siempre bien. Entendía que yo tenía más disponibilidad y que era lo que tenía que hacer.
Ahora sus hijos ya son mayores y yo tengo un niño pequeño. Pero nada ha cambiado. Sigue pretendiendo que todos los planes giren a su alrededor. También entiendo que tiene mucha gente que ver y poco tiempo pero no puedo ser flexible con todo. No comprende cuando le digo que mi peque tiene que mantener sus rutinas, me contesta que por una vez no pasa nada.
Se lo he intentado transmitir sin éxito. Las últimas veces he acabado haciendo un esfuerzo para poder vernos. Pero ahora vuelve y ya está como siempre. Me siento mal porque ha sido alguien muy importante en mi vida pero no me apetece nada quedar con ella.