Gracias por la respuesta, AnaSP, y por el tono, que se agradece.
Creo que el punto donde no coincidimos del todo no es en cada relato concreto, sino en el efecto conjunto. No estoy diciendo que todas las autoras “aprueben” explícitamente los cuernos ni que el foro los celebre de forma directa. Digo que, cuando semana tras semana se publican relatos donde la infidelidad, la transgresión de límites o el daño relacional aparecen narrados sin apenas conflicto ético o incluso desde el orgullo, eso construye un marco.
Los relatos no son neutros: el tono, el foco y lo que se omite también comunican.
En varios de los ejemplos que menciono, el centro del relato es siempre el deseo, el proceso personal, la vivencia individual. El vínculo afectado : la pareja, la familia, el entorno, queda fuera de plano o reducido a contexto. Y eso, repetido, acaba normalizando una idea muy concreta: que mientras el relato esté bien escrito y centrado en el yo, el impacto pasa a segundo plano.
No discuto que se puedan contar dilemas morales. Al contrario. Lo que cuestiono es desde dónde se están contando y qué se está reforzando cuando apenas aparece la pregunta por las consecuencias.
Y sobre lo de los primos: más allá de la definición técnica o legal, el hecho de que la propia autora use la palabra “incesto” y lo narre con orgullo forma parte del problema que intento señalar: el uso deliberado de ciertos marcos para provocar sin reflexión posterior.
En resumen: no hablo de censura ni de condena. Hablo de responsabilidad narrativa. Porque cuando un espacio tiene tanto peso cultural, no solo importa provocar, sino también qué se normaliza cuando provocas siempre en la misma dirección.