La verdad es que para una vez que estaba emocionada y centrada en hacer dieta, se me están yendo las ganas por la ventana al ver los resultados.
Mi marido, para animarme, me dijo que él también se ponía a dieta, así sería más fácil organizarnos con las comidas y cenas y a mí me pareció un impulso y una motivación maravillosa. Pero en cuanto hemos empezado a hacer control de peso, y a ver los resultados, la verdad es que me estoy deprimiendo.
Él se desinfla con una facilidad asombrosa y va perdiendo peso progresivamente cada semana, yo en cambio desde que empezamos hace un mes y medio, apenas he perdido tres kilos y no se me notan en absolutamente ningún sitio.
Me fastidia cuando la gente nos ve por la calle, y le dicen que se le ve más guapo y que ha adelgazado, como si yo no estuviera haciendo esfuerzos.
Creo que terminaré tirando todo por la borda, porque para sentirme así, por lo menos no me amargo haciendo esfuerzos.
