Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me han llamado hipócrita y para mí es velar por mis hijos, nada más, pero a ver qué os parece a vosotras, porque ya no sé si es que soy una persona horrible o qué. Yo estoy bautizada y de niña hice la comunión, como la mayor parte de críos de los ochenta-noventa, pero ya en la adolescencia me di cuenta de que eso de la religión no iba conmigo; ni creía, ni me gustaba la gente que presumía de misa y golpe de pecho y después te apuñalaban por la espalda, así que me alejé de todo eso. A mi familia no le importó, tampoco es que ellos fueran super católicos.
Cuando conocí a Ernesto, él compartía mis ideas, pero ya me avisó que su madre no, que ella sí era de misa todos los domingos. Y, como ya me ha pasado otras veces, de esas que dice que ama a sus semejantes, pero, claro, es que los ateos no son sus semejantes, los LGTBI no son sus semejantes, y al final sus semejantes son cuatro personas y a lo mejor alguna amiga suya que aún la soporta, los demás vamos todos de culo al infierno y ella se alegrará. Vamos, una joya.
Es la típica que ya antes de casarnos nos decía “los hijos de mis hijas, nietos míos son; los hijos de mi hijo, pues lo serán o no”. Cierta vez, con mi hija mayor en brazos me dijo aquello y, yo, que soy muy bruta y lo reconozco, le solté “espérate, que aviso al butanero y comparas, ¿quieres?”. Mi suegra me llamó borde, me dijo que no tenía vergüenza, pero Ernesto me apoyó en todo momento, y entre risas o no risas, le dijo a su madre que se metiera la lengua en el culo.
La cosa empeoró cuando no quisimos bautizar a ninguno de los niños y empezó a malmeter con el cuento de antes “ah, pues si no quieres presentarlos a Dios, lo mismo es que tienes algo que ocultar”, hasta que mi marido le dijo que eran nuestros hijos y nuestra decisión, y si no queríamos bautizarlos, nadie se iba a meter. Con las mismas, dijo que ella no los podía tratar como a nietos legítimos, y a partir de ahí, en Reyes, cumpleaños y fiestas varias, nuestros hijos no han tenido regalo de la abuela. Nos ha fastidiado, sí, pero se lo hemos medio ocultado a los niños. En su cumpleaños no íbamos a ver la abuela, en Reyes si estábamos en su casa poníamos más regalos para que no notasen la diferencia con los primos… pero claro, hace tres años uno de sus primos hizo la comunión y luego otras primas le han seguido.
Todos sabemos qué pasa en las comuniones, que los niños se convierten en príncipes por un día y los cargamos de regalos y, ya que es una ocasión, pues nosotros también les hemos regalado cosas a mis sobrinos. Pues mi hija mayor preguntó cuándo haría ella la comunión. Le explicamos que no estaba bautizada, que tendría que ir a clases de catequesis… y le dimos a elegir. Y dijo que quería hacerla.
Yo sé con certeza que quiere un día especial para ella, vestirse con un traje de mini novia, ir a comer con sus primos y recibir regalos a manta, que la religión -como diría ella misma- le chupa un pie, pero si quiere hacerla, no se lo voy a prohibir. Cuando dijimos a la abuela que los íbamos a bautizar a los dos y que la niña haría la comunión, puso una sonrisa de victoria que me dieron ganas de tirarle de los pelos, pero enseguida se ofreció a comprarle el vestido de comunión, vestir de traje al pequeño y comprarle a ella la Switch2 con un juego como regalo, para que tuviese algo y no fuese sólo el vestido.
Y ahora mis cuñadas me acusan a mí de hipócrita, de haber manipulado a la niña para que pidiera hacer la comunión y así tener los regalos, cuando yo precisamente era lo que menos quería, pero también os digo que mis hijos son igual de nietos que los hijos de ellas, y yo a ellas les hice regalo de comunión y antes aún de bautizo, y de ellas no salió nunca decir “oye, ya que los tuyos no hacen la comunión, vamos a hacerles una fiestecita, que no digan. Ya que no tienen regalo alguno de mi madre, vamos a ponerles otro entre todos”, algo. No, eso no. Mientras han sido las únicas en recibir, todo estaba perfecto. En el momento que se trata de regalar a los míos, ya está mal, ya estamos abusando de una anciana.
A mí me da igual tragarme mis ideas y mi ateísmo. Si a cambio de eso mis hijos sacan ropa y regalos, bienvenido sea, tienen el mismo derecho que sus primos. Si luego quieren seguir creyendo o no, ya será problema suyo, pero de momento, llevaban casi ocho años sin recibir ningún regalo de la abuela paterna. Porque ahora reciban un par de ellos, yo creo que no se va a morir nadie, ¿qué pensáis?
