Cada año digo que no voy a participar más y al final mis amigas me convencen porque dicen que es algo divertido y que participamos todas.
La cosa es que llevamos haciéndolo 10 años, desde que íbamos al instituto. Yo soy una persona que se curra mucho los regalos, y entiendo que no todo el mundo va a tener ese nivel de implicación. Pero una cosa es eso y otra cosa es tener un nivel de dejadez absoluto.
Siempre ponemos un máximo de 15€ y un mínimo de 10.
Sinceramente pienso que por ese precio hay cosas muy chulas ahí afuera y que no tienes que comerte mucho la cabeza si no quieres, la que no lo hace es por dejadez absoluta, como decía.
Este año me ha tocado a mí hacer el regalo a alguien que nunca se esfuerza y ya me pongo de los nervios de pensar el trabajo que me va a llevar, para que luego esa persona le regale lo que sea.
Lo he comentado con una de las amigas que participa y dice que me cabreo sin necesidad, que es algo divertido que se hace una vez al año y que en realidad el regalo da igual, que es la gracia de regalarnos ese día todos algo.
Puede que tenga razón, pero a mí me gusta pensar en los verdaderos gustos de la persona a la que le regalo las cosas y buscar el regalo perfecto dentro de ese rango de precios. Ella dice que me he exigido demasiado y que he creado expectativas así que ahora toas están pendientes de mi regalo porque soy la que más se lo curra. Su consejo es que aproveche este año que me ha tocado esa persona para bajar el nivel y a partir de ahora no exigirme tanto a mí misma.
Vamos, que la equivocada soy yo y no la persona que pasa de todo. ¿También lo veis así?
