No quiero crear polémica, ¿eh? Pero consejo gratis: si dejáis vuestro trabajo para cuidar de la familia, dejadlo todo atado, con notario y copia plastificada en la nevera. Porque tu marido puede ser un santo… pero la vida da giros que ni Netflix.
La hermana de mi mejor amiga con carrera y buen trabajo en una gestoría, se casa con su novio de toda la vida, y tienen un niño de tres años, se mudan a Alemania con otro bebé en camino y acuerdan que ella se quede “un tiempo” en casa con los niños. Ese “tiempo”… se estiró más que un chicle: cuatro hijos, él viajando más que una maleta de Ryanair, ingeniero en una multinacional, y ella con vida cómoda. Y el marido escalando en su profesión porque solo tenía que dedicarse al trabajo y ella se ocupaba de todo lo demás. Niños, jardín, mantenimiento de la casa, médicos, facturas, todo. Esó sí por las mañanas ella se dedicaba a ir al gym, piscina y clases de pintura. Claro, alguna compnesación le tenía que dar él.
Quince años después, ¡zas!: él ya con 51 años, raro, dice que es estrés… hasta que un día suelta: “Llevo un tiempo enamorado de otra, quiero el divorico. . Juicio: el juez en la sentencia exponer que ella debe trabajar, que es una mujer adulta, que por qué tiene que pasarle su marido una pensión. La abogada le dice que en estos casos el marido lo planea todo para librarse de la pensión, o sea, esperar a que los niños cumplan 18 años. Un genio del mal. Las leyes en Alemania son así, o él tenía un buen abogado Y ella no.
Y ahí está ella, con 48, trabajando gracias a una amiga en la recepción de un dentista. Gana lo justo, nada que ver con antes, pero ahora es independiente. Lamenta cada día no haberse puesto a trabajar cuando los niños entraron en el colegio. Ahora ni siquiera sabe qué pasará con su pensión de jubilación. Imaginad.
Moraleja: Ya sabéis cuál es.
