Que sí, que lo de la crianza respetuosa está muy bien. Que son los padres los que tienen que decidir cómo criar a sus retoños y son ellos los que deben tener la última palabra en temas como alimentación, rutinas, educación o incluso acceso a las tecnologías.
Pero si dejas a tus hijos al cuidado de los abuelos, por el motivo que sea, lo que no me parece de recibo es pretender que ellos sigan al pie de la letra todas y cada una de las normas que sigues tú en casa. Si ellos han sido padres y la experiencia no salió tan mal (porque para eso tú y tu pareja estáis vivos), tampoco les irá tan mal cuidando a sus nietos ¿no?
A ver, os pongo unos cuantos ejemplos, todos verídicos, que he recopilado entre mi cuñada, una prima y una compañera de trabajo. Estamos hablando de niños de entre dos y siete años aproximadamente. Los motivos por los que los dejan con los abuelos son muy variados: desde la imposibilidad de la conciliación laboral hasta tener un fin de semana romántico sin niños para reconectar con la pareja. (El primer caso, mira; pero el segundo, es que me parece de traca.)
Empecemos con el tema de la alimentación. Junto con el niño, se hace entrega de un menú semanal diseñado al milímetro por los padres, en cuanto a recetas y a cantidades. Esto lo he visto yo con mis propios ojos. Que no puedes cambiar ni una coma, porque hay quien pide hasta fotos de los platos que se le prepara. Si no tienes alguno de los ingredientes, pues te toca ir a comprar. ¿Qué eso de cambiar una cosa por otra? No sé, no tienes naranjas, pero sí mandarinas. Pues no. Tienes que ir a por mandarinas.
Y yo decido que a mi hijo no le sienta bien la lactosa, aunque no le haya hecho las pruebas de la intolerancia, y no puedes darle ningún lácteo con lactosa. Y nada de azúcar, que se excitan. Pero bien que cuando te están dando por culo a ti, les compras un croissant de chocolate para que te dejen tranquila, ¿verdad? Y si no pueden darte un capricho tus abuelos, ya me dirás tú. Que para eso están los abuelos.
Sigamos con las rutinas. Que tiene que comer a esta hora en punto. Y que tiene que echar la siesta a esta otra hora. Y nada de dormir más rato del que los padres han dicho. Si dicen que son cincuenta y cuatro minutos, que sean cincuenta y cuatro minutos, nada de minuto arriba minuto abajo.
Y qué decir del acceso a la tecnología. Como mucho diez minutos al día y que no te haga berrinche. Eso sí, tú les das el móvil todo lo que les dé la gana cuando estás tomándote algo en la terraza para que no te den la turra. Y nada de ver según qué tipo de dibujos. Hay hasta quién les hace lista de lo que pueden y no pueden ver.
Hay quien obliga a pasar foto del niño cada hora por el móvil. Hay quien exige que pedir permiso para cada mínima decisión. Hay que seguir las instrucciones al pie de la letra.
Estamos llegando a un punto que los abuelos van a ser obligados a firmar un contrato antes de cuidar de su propio nieto, hacer un curso de actualización en crianza moderna y pasar una evaluación al final del día.
Mira, ¿sabéis qué os digo? Los abuelos existen en este mundo para dar un amor infinito a los nietos y para consentirlos en todo. Porque para educar y criar, ya están los padres, que para eso han querido serlo.
