Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi novio y yo llevamos casi cinco años juntos, dos de ellos conviviendo. La relación es, yo diría, normal. A veces estamos de acuerdo, a veces no, pero todo lo hablamos. Compartimos la manera de entender el mundo y nos planteamos un futuro juntos.
Por su trabajo, tiene más días de vacaciones que yo. Además, es un enamorado de viajar y no entiende quedarse en casa si tiene días libres.
Desde un primer momento, me dijo que haría viajes sin mí con sus días adicionales. Lo entendí; aunque estar semanas sin él no me gustaba mucho, me parecía comprensible. Lo bueno es que siempre me consulta los destinos y las fechas, y tiene mi opinión en cuenta.
Por otro lado, no me quejo de nuestra vida sexual, pero tengo que reconocer, que él siempre quiere hacer lo mismo. Le propongo que innovemos, pero no le gusta. Alguna vez hace un esfuerzo y probamos, aunque sea, una postura nueva, pero acaba diciendo que le gusta más como siempre. No es que no me guste, claro que me gusta, pero yo querría experimentar. Evidentemente, no es motivo para plantearme la relación.
Su último viaje fue a Tailandia, país en el que ya hemos estado juntos y donde quería aprovechar para visitar la parte menos turística. Durante su viaje me siguió escribiendo como siempre; estuvimos mucho en contacto y nos fuimos echando de menos.
Cuando volvió, con muchos regalos para mí, el encuentro fue muy pasional, como todas las veces que estamos tiempo sin vernos. Esa primera vez me pareció más abierto a nuevas propuestas, pero como era el día del reencuentro no le di más importancia.
La cuestión es que las siguientes veces le he notado diferente. Está más abierto a nuevas posturas, tiene movimientos diferentes, recorre mi cuerpo de otra manera. La verdad, estoy encantada.
Pero la cabeza es muy mala y empecé a darle muchas vueltas. Al final ha pasado semanas solo en un país en el que nadie le conocía, con locales y turistas que podían encontrar atractivo a mi novio. Hasta ahora nunca había dudado de su fidelidad, ni en casa ni en sus viajes, pero ahora estoy dudando muchísimo.
Así que le pregunté directamente; es lo bueno de una relación en la que se puede hablar de todo. Se rio, le parecía una tontería. Le conté los cambios en la cama. Su respuesta fue que me había echado tanto de menos y que sabía que para mí era importante salir de la rutina, que por eso estaba haciendo todo para que yo estuviera contenta.
Me pareció una respuesta muy bonita, lo que hace que me sienta peor. Me siento mal por dudar de su fidelidad, pero no puedo evitar pensar que algo ha sucedido en el viaje.
En todo lo demás no hay cambios en él. No es que esté más romántico ni tenga más detalles conmigo. Estamos exactamente igual que antes de irse.
A veces creo que nos meten en la cabeza que las cosas no pueden ser fáciles y buscamos dramas donde no los hay. Y que me estoy quejando y complicando a lo tonto. Pero otras veces….
