Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Estoy harta de que las mujeres estemos sometidas a una presión social increíble en la que debemos aparecer siempre perfectas. Nos miran cómo vamos vestidas. Si vamos muy formales, somos unas estiradas, si vamos muy provocativas, pues que queremos llamar la atención. Maquilladas, pero que no se note que vamos maquilladas. Cuerpos normativos, ni muy delgadas porque parecemos enfermas y nos falta un buen puchero, ni muy gordas porque eso no es sano. Y no podemos dejar ver que envejecemos, porque eso sí que es un crimen capital.
Y así estamos, acomplejadas, luchando con nuestros miedos y nuestras paranoias. Cuando lo único en lo que deberíamos centrarnos es en ser felices.
Pero bueno, de algo tienen que vivir preparadores físicos, coachs, dietistas, clínicas estéticas, etc. De nuestros puñeteros complejos.
Yo he aprendido a aceptarme y quererme. Al fin y al cabo, este cuerpo mío me ha permitido amar a mi pareja, dar a luz a mis hijos, disfrutar de los míos. He reído, bailado, comido, viajado. Y en todas esas vivencias me ha acompañado este cuerpo. Así que cómo no lo voy a querer. Lo quiero como quiero a una de mis viejas amistades.
Trabajo hace años con una compañera que se ha vuelto una verdadera amiga. Sé que puedo contar con ella para lo que sea, igual que ella pude contar conmigo. Las hemos visto pasar de todos los colores, pero juntas se nos ha hecho más fácil.
Siempre había sido una persona valiente y segura de sí misma. Pero el paso del tiempo la está volviendo voluble, dubitativa, acomplejada… Creo firmemente que el desajuste hormonal de la menopausia la tiene descontrolada. La está cambiando totalmente. Aunque somos conscientes ambas del paso del tiempo, yo lo llevo de la manera más estoica que puedo, pero ella ha decidido no resignarse.
Y se decidió finalmente a pasar por quirófano para hacer unos retoquitos cuando el proyecto para el que se había estado preparando durante tanto tiempo, se lo dieron a una compañera muestra más joven. No pensó que se lo podrían haber dado a ella porque estuviese más preparada, sino porque era más joven. Sólo podía pensar en eso.
Así que pidió presupuesto en tres o cuatro clínicas de estética y se decidió por una, de la que tenía mejores referencias.
El programa era completito. Lifting facial para tensar músculos y eliminar exceso de piel. También se ha retirado piel y grasa de los párpados, para eliminar el aspecto cansado. Y se ha hecho un lipofilling en los labios para que parezcan más llenos. Más alguna que otra inyección de botox para pulir el resultado.
Lo que menos me preocupa es que su nueva apariencia es la comidilla de la empresa, porque los chismes se acaban finalizando cuando aparece un tema nuevo para criticar.
Yo la miro y no me acostumbro. Parece que tiene la cara de porcelana, sin expresión alguna. Y los morros de mamadora luxury que se le han quedado son de traca. Ahora casi no sonríe, porque creo firmemente que no le da de sí la cara. Y reír, ya, imposible. Creo que no le ha quedado bien, no es natural. Y no sé cómo decírselo. Y pienso que sí tengo que decírselo porque es mi amiga y porque quiere continuar haciéndose cosas. Según ella, para pulir y mantener resultados, pero me da miedo que acabe desgraciándose completamente, a lo Mickey Rourke, y no haya vuelta atrás. Pero también me da miedo cómo se lo vaya a tomar, cómo le pueda afectar psicológicamente.
Así que: acepto sugerencias de estrategia.
