Buenos días,
Como lo que conté el otro día acerca de que había conocido a un chico que quería ponerse a opositar tuvo bastante impacto, me veo en la obligación de contaros cómo ha terminado la historia, por si alguien se quedó con la intriga.
Para quien no sepa de qué hablo, en resumen: llevo seis meses conociendo a una persona que tiene entre sus planes empezar a preparar unas oposiciones, concretamente las de Educación. Eso implica que, sí o sí, lo destinarán lejos de su tierra durante un tiempo, ya que todos sabemos cómo funciona este proceso.
Quizá no siempre sea así, pero la mayoría de las personas que he conocido que han opositado para ser profesores de Secundaria o Bachillerato han tenido que pasarse años de interinos muy lejos de casa, hasta conseguir una plaza fija.
Muchos de vosotros me dijisteis que seis meses es poco tiempo, y que no podía condicionar la vida de otra persona solo porque yo ya tenga la mía más o menos encaminada y busque algo serio: matrimonio o formar una familia. Y lo entiendo, de verdad.
Pero también tengo claro que no quiero ser madre soltera ni madre muy mayor. Para cumplir los objetivos que tengo en mente, necesito a alguien que comparta mis mismas metas y que esté en el mismo momento vital que yo. Y, sinceramente, este chico no lo está.
Me parece perfecto quien quiera esperar hasta los 36 o 37 años para tener hijos, pero yo no soy ese tipo de persona. No quiero pasar años esperando a alguien que está constantemente de un lado para otro, viendo si aprueba, si le dan plaza o si consigue estabilidad. Ni siquiera hablo de formar una familia todavía, sino de poder compartir la vida en la misma ciudad, y eso ahora mismo es inviable.
Por eso, he decidido cortar la relación. No tenemos los mismos planes, y creo que continuar solo nos llevaría al desgaste y a la frustración.
Me da mucha pena, porque tengo sentimientos y sé que es una persona maravillosa, quizá incluso “el hombre adecuado”. Pero cuando lo hablamos, él fue sincero y me dejó claro que ahora mismo su prioridad es su futuro laboral. Que le alegra que yo tenga estabilidad, pero que él necesita buscar la suya.
Y lo entiendo. No se trata de amor ni de imponer nada a nadie, sino de compatibilidad. Al igual que yo no tengo por qué renunciar a mis objetivos, él tampoco debería hacerlo por mí.
Por eso, hemos decidido poner punto final a esta relación incipiente antes de que el tiempo pase, los sentimientos crezcan y acabemos haciéndonos daño.
Muchas gracias a todos los que leísteis la primera parte y a quienes me dejasteis vuestros consejos. Muchos me dijisteis que seis meses no es nada y que me estaba precipitando, pero de verdad, que siento que ahí no es y hay que hacerle caso a la intuición.
Un abrazo grande.
