Hace unos meses, en verano, conocí a un chico a través de un amigo. Salimos una noche de copas, nos dimos unos besos y después de un par de citas que la verdad fueron la mar de bien, terminamos acostándonos.
Así contado no parece una historia demasiado rara, más bien lo habitual, pero es que fue en el folleteo en lo que todo se truncó un poco.
Todo iba genial, con nuestros preliminares, nuestras caricias y besos… hasta que llegó el momento de la penetración. Él me pidió que me pusiese a cuatro patas para hacerlo al estilo perrito y a mí la verdad es una posición que no me desagrada así que allí que me dispuse. Después de un ratito como que me apetecía cambiar un poco y se lo dije, pero él de entrada no me respondió y siguió a lo suyo, y después cuando insistí me dijo que no, que así estaba bien. Unos segundos después se corrió y fin.
Vale, te pasa eso y puedes pensar que ha sido un polvo un poco raruno, pero que le puedo dar otra oportunidad así que seguí quedando con él. En las citas un chico maravilloso, hiper majo y cariñoso. Volvemos a subir a mi casa para darle al asunto, y oooootra vez ‘ponte a cuatro patas’. En esa segunda ocasión de entrada le dije que no, que quería estar yo un ratito encima y él cedió pero apenas me dio tiempo de nada, al poco ya se incorporó y antes de que me diera cuenta volvía a estar dándome por la retaguardia.
Nos hemos acostado cinco veces, y los cinco polvos han sido igualitos. Hagamos como lo hagamos, más de la mitad del polvo es conmigo a cuatro patas y él zumbándome por detrás. Y me da una rabia terrible porque de veras que es un chico que me gusta, pero no entiendo esa fijación por esa forma de follar.
Sé que me vais a decir que debo hablarlo con él, y sí, el otro día le saqué el tema después de acostarnos y no supo que decirme, solo que le mola hacerlo así. Yo ya empiezo a dudar de si realmente le atraigo físicamente o si quiere follar así por no verme la cara. ¿Qué pensáis vosotras?