Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Buenas! Os voy a contar una cosa que me está sucediendo, a ver si podéis echarme una mano.
Hace unos cuatro años lo dejé con mi primer amor. Yo tenía 25 años y salimos durante unos 5 años aproximadamente. Él se estaba estudiando unas oposiciones y al terminarlas le concederían un destino en otra ciudad. Yo estaba muy enamorada y tenía claro que, llegado el momento, me marcharía con él donde fuese. Ambos estábamos perfectamente integrados en la vida del otro y, según mis mundos de Yupi de aquel entonces, toda nuestra relación iba sobre ruedas. Tenía pensado proponerle que nos casáramos tras su aprobado y así afincarnos en el destino siendo ya matrimonio, pero lo que yo desconocía es que él tenía otros planes.
Tras su aprobado le dieron destino y, sin más, me mandó un WhatsApp que decía que me dejaba, así, sin vaselina. No dio la cara, ni una sola explicación, y se marchó. Mi novio de 5 años, al que había apoyado con su oposición y al que había amado con todo mi corazón, me había ghosteado y dejado tirada en el arcén sin darme un motivo. Nunca volví a verle. Fue curioso cómo a mi familia no les sorprendió del todo esa actitud, y a mis amigos tampoco. Ellos seguramente vieron cosas que yo no percibí por estar ciega por él.
Borré todas nuestras fotos, bloqueé su contacto y sus redes y entré en una depresión horrible. Para añadir más ingredientes a la receta, mi abuelita falleció y no me renovaron el contrato de trabajo. Así que me encontré en un momento en el que tenía que reconstruir al completo mi vida. Poco a poco empecé a levantar cabeza y recuperé algo de peso, ya que me quedé raquítica, conseguí un contrato indefinido y la vida empezaba a irme mejor.
Empecé a salir con un chico con el que no llegué a formalizar porque no era capaz de olvidar a mi ex. Deseaba con todas mis fuerzas volver a verlo y poder decirle cuánto daño me había hecho, despreciarle como él había hecho conmigo. Me lié con algún que otro chico sin más, descargué Tinder y conocí gente, tuve algún que otro casi algo, pero nadie me llenó nunca. No sé si fue el miedo a volver a sufrir otra vez o que el fantasma de mi ex me acechaba de vez en cuando llenándome el corazón de odio o qué, pero preferí mantenerme soltera durante bastante tiempo.
Todo cambió hace unos 8 meses cuando, en el cumpleaños de una amiga, coincidimos con un grupo de chicos en un bar y ahí estaba él, de la forma más inesperada, el chico que iba a devolverme las ganas. Era guapo y divertido, hablamos un buen rato y salimos a fumar en un par de ocasiones juntos. Se ofreció a acompañarme a casa y no pude resistirme, le besé. Me correspondió y nos dimos nuestros números de teléfono.
Tuvimos un par de citas y la cosa iba fenomenal, así que seguimos haciendo planes juntos. A medida que pasaban las semanas, cada vez tenía más claro que con él sí quería intentarlo. Cogimos confianza y nuestras conversaciones se volvieron más profundas, así que nos contamos cómo había sido nuestro pasado sentimental. Él mencionó no haber tenido muchas novias, salvo una con la que duró un par de años y se habían dejado hacía mucho sin demasiado drama. Contó un par de casi algos dolorosos y poco más. Yo le hablé de mi ruptura con mi ex. Desde el principio me escuchó de forma muy empática, se quedó alucinado con la historia y yo me sentí muy cómoda hablando con él, así que me sentí confiada para hablar del tema en ocasiones posteriores. Le conté lo mucho que le había amado y lo dispuesta que estaba a dejarlo todo por él, que me hubiera casado con él y que sabía que algún día le volvería a ver solo para poder cobrarme ese daño. Él pareció entenderme.
Todo parecía ir bien hasta que un día le invité a pasar la tarde a mi casa. Yo colecciono pulseras, se lo he contado varias veces, así que le enseñé mi colección, la cual tengo guardada en una caja. En ella conservo varias, entre ellas una de mi abuela, otra de mi tía y la que me regaló mi ex, la cual está grabada con una dedicatoria que dice: “mi todo”. Hacía mucho que no la sacaba y la verdad es que me dolió verla, me trajo súper malos recuerdos. Él simplemente me sonrió, pero unos días más tarde me dijo que si podíamos hablar.
Me dijo que no quería juzgarme y que ante todo me comprendía, pero que no podía comprometerse con algo serio conmigo puesto que se me notaba mucho que, pese al tiempo que había pasado, no había cerrado del todo aquella relación. Que no quería arriesgarse, que sabía perfectamente lo mal que se acaba cuando se sale con alguien que no ha superado una historia anterior. Le dije la verdad, que yo quería seguir con él, que quería más y que para mí el pasado estaba enterrado, solo que aquella época me marcó profundamente. Se quedó aparentemente tranquilo, lo nuestro continuó y le dije que quería algo serio, a lo cual accedió.
Todo parecía en orden, estábamos felices, conoció a mis amigos y se cayeron genial. Todos me dijeron que era la primera vez que salía con un chico con el que podía ser yo misma. Me sentía en mi prime, hasta que volvió a reprocharme lo mismo, que hablaba mucho de mi ex. Me dijo que ya me lo había advertido, que estaba empezando a cansarse de la situación, que por favor no quería volver a saber nada de él, ni de si era guapo o feo, de si le había querido mucho o no. Que él jamás me había pedido semejante información.
Le pedí disculpas, le dije que eran comentarios sin más porque para mí carecían de toda importancia y que apenas recordaba haberlos hecho, a lo que me respondió que no los recordaba porque ya me salían de forma inconsciente y que estaba harto. Le dije que le quería, que lo sentía y que por favor no me lo tuviera en cuenta. Yo tengo claro con quién quiero estar y es con él.
La gota que ha colmado el vaso es que el otro día saqué mi agenda de contactos del teléfono para llamar a mi tía Carmen y, en el buscador, salió el contacto de mi ex, al que yo guardé como Cari en su día y el cual seguía bloqueado. Se quedó en las profundidades de mi agenda y nunca se me ocurrió borrarlo. Saqué la agenda delante de él, así que lo vio todo. Me preguntó quién era Cari y, al decírselo, se enfadó muchísimo. Enseguida borré el contacto y pedí disculpas, le aseguré que no recordaba tenerlo ahí y que por favor no le diéramos más importancia de la que tenía.
Nos sentamos a hablar largo y tendido sobre el tema una vez más y me dijo que no juzgaba mis sentimientos, que sabía que le quería, pero que esa historia no estaba cerrada ni por asomo, que se sentía en segundo plano total y que no se creía que no supiera que ese contacto aún estaba ahí. Me declaré como nunca antes lo había hecho, le dije toda la verdad, que le quería, que el amor que estaba sintiendo por él no lo había sentido por nadie, que cuando quise a mi ex era una cría y que eran amores diferentes. Esta vez era adulto y formal. Que sentía mucho todo el malentendido que le había hecho crearse en su cabeza, pero que tuviera claro que en mi mente y corazón solo estaba él y nadie más.
A pesar de todo, desde entonces está raro y apático. Tiene cara de tristeza y desilusión y no puedo sentirme más avergonzada. Me ha dicho que no me va a dejar por esto, pero que siente que si el destino me pusiera a mi ex delante, a él le daban boleto. No sé cómo hacerle entender que eso no es verdad y ahora entiendo lo peligroso que es dar a veces demasiada información sobre los ex. Quizá debí decir simplemente cómo me había dejado sin dar muchos más detalles. Me excedí hablando y ahora me arrepiento.
Se cree que sigo queriendo encontrármelo algún día, cuando la verdad es que ya me da igual. Le digo a diario que si quiere hablar no tengo ningún problema en repetirle que le quiero tantas veces como sean necesarias y él me dice que lo deje estar, que ya se pasará, que no le demos más importancia. Tengo miedo de que haga introspección, de haberlo contaminado todo con las historias de mi ex y que ahora me deje. No llevamos tanto tiempo y puede que me haya cargado la ilusión del principio hablando de un pasado de mierda y ahora no le compense.
¿Qué puedo hacer?
