Vale, pongámonos en situación:
Cuando salimos de la pandemia tuve una relación express que acabó bastante rápido pero en la que vivimos juntos (no viváis con vuestras suegras al principio de una relación, no son invitadas agradables cuando se trata de «proteger» a sus niñ@s) y luego volví a la vida de siempre, pero con muchas ideas renovadas.
A todo esto, apareció un tío, cómo no. Siempre que no estás lista o es el momento aparece alguien.
Desde la primera vez que coincidimos yo no hice esfuerzo en acercarme, pero al cabo de unas noches, después de haber cenado todos en cada de una de las parejas del grupo, encuentro que tengo una vídeo llamada por Instagram. Tan solo unas seis horas de llamada nocturna, secretos y risas y yo ya estaba colgada de él. Pero resultó que solo me usaba para saber más cosas de una amiga, genial verdad? Pues obviamente no fue un gran comienzo, pero ellos acabaron mal y yo en medio del tío que me gustaba y una amiga que me volvía a dejar un poco apartada por su ex con el que acababa de volver. Así que un poco por lástima y un poco por cariño, me acerqué al chaval.
Vamos a llamarlo Snow, difícil de explicar por qué pero bueno.
Snow era frío pero siempre me buscaba, pasabamos las noches de calor fumando y cenando o charlando en su jardín y cuando llegó el frío bebíamos juntos en los días libres y dormíamos juntos, aunque pasó algo de tiempo hasta que nos acostamos.

Él se supone que había superado una drogodependencia, pero me sentí utilizada la noche que me di cuenta de que me mentía y volvía a hacerlo, trate de ayudarle y me convertí en su prestamista, en la que le trataba de ayudar pero en realidad le consentía todo. Le cubría las espaldas, le llevaba a comprar, le prestaba dinero, sacrificaba mi tiempo libre solo por un amor no correspondido de forma sana e incluso entré en el juego al cabo del tiempo.
Pero como era obvio, yo quería más de él y con él, y cuando no lo obtuve empecé a sentirme molesta y acabamos discutiendo y cortando algo que ni si quiera existía como tal.
Así que cada uno tomo su camino.
Después de meses yo era otra, tuve un bajón muy importante pero también encontré toda la motivación para salir de él y convertirme en alguien mejor.
Pero unos cinco meses después, una noche, mientras yo chateaba con alguien que estaba conociendo, sentada en mi bar favorito (donde siempre habíamos ido juntos) noté que alguien tosía detrás de mí. Creo que si hubiese podido tener una foto del momento la enmarcaría. Lo tenía justo detrás, morado hasta las cejas, con cara de enfado por ver que hablaba con otro y a la vez con cara de pena de no saber cómo acercarse.
Juro que soy idiota, lo sé.
¿Qué pasó? Lo obvio, me dió lástima que estuviera solo, lo incluí en los grupos sociales del bar y acabé acercándolo a casa a la vuelta, y me ofreció entrar, hablamos, me pidió disculpas por muchas cosas y follamos como hacía mucho que no tenía ganas.
Pero la siguiente noche fue igual, solo sexo y drogas por su parte, y yo ya había salido de todo ese bache, me había alejado de todo ese mundo y había aprendido supuestamente, así que le dije que no quería que nos volviéramos a ver, que si quería una amiga allí estaría pero que no volvería a pasar por lo mismo que ya había pasado un año.
¿Qué pasó? Lo inimaginable, lloró.
Se disculpó, prometió cambiar y me pegó el Covid así que nos confirmamos juntos para no contagiar a mi madre que anda delicada de salud, y todo fue bien hasta que la tercera noche volvió a drogarse y me sentí estafada.
Una vez salimos del confinamiento me pidió que me quedara, que me necesitaba, y yo otra vez enamorada hasta las trancas del mismo idiota, volví a caer.
Pero entonces empezaron las malas caras, no llevaba bien el dejar las drogas y yo no llevaba bien sentirme engañada y sola, fuera de mi entorno de seguridad, lejos de mi casa de siempre, teniendo que encargarme de todo lo del piso si quería que al menos pareciera una casa y no una pocilga y se fue prolongando, fue empeorando e incluso se cargó mi cumpleaños dos veces, sin darse cuenta de que no estaba a gusto, que no disfrutaba y que no era lo que esperaba. Dios de vacaciones y en su sincera borrachera me preguntó si me había acostado con otros durante los cinco meses que había estado soltera, dije que sí, que con tres.
¿En que me convirtió?
Exacto, en una guarra, una fresca y una calienta pollas que solo quería eso.
¿Que pasó una semana después?
Que salieron dos palitos en el test de embarazo, por cobardía a su reacción le prepare una sorpresa y salí a tomar algo con mis mejores amigas, y conseguí solo que me odiara por el modo en el que se había enterado.
Luego me acuso en la puerta del hospital antes de la primera prueba, de que el embarazo no era suyo, así que perdí los papeles y me pase tres pueblos con el enfado. Me echó de casa con mis cosas dentro y tuve que resignarme a seguir con mi trabajo a la espera de que quisiera arreglar las cosas, las cuales nunca se arreglaron, empeoraron. Tuve riesgo de aborto desde el principio y noe acompaño ni una vez, pero seguia diciendo que lo alejaba de su bebé, y luego me quitó el trabajo y se dedicó a machacar me por teléfono todo el tiempo mientras yo seguía haciéndole favores y preocupándome por él.
Así que me harté, quise cortar con todo aún sin tener claro si quería abortar o no, era una decisión demasiado dura, hasta que vino a mi casa a gritarme y amenazarme delante de mi madre, a acosarla a llamadas en las que me insultaba y criticaba y reclamaba a mi madre que me defendiera a mí en vez de a él.
Y se supone que todo por mí falta de empatía de entender que si el dormía todo el día, bebía toda la noche, solo fumaba, no comíamos bien si no me preocupaba y que no me mirara ni a la cara, todo era porque estaba pasándolo mal y yo no lo entendía.
¿Tan mal lo hice por no entenderle? O ¿Me ha costado demasiado darme cuenta de quién es realmente?