No sé ni por dónde empezar porque me cuesta mucho hablar de esto sin sentirme culpable.
Llevo casi 10 años con mi pareja. Le he acompañado en uno de los procesos más complejos e importantes de su vida: su transición de género. Cuando nos conocimos se identificaba con un género que no sentía como suyo, y con el tiempo, después de mucha reflexión, terapia y conversaciones infinitas, decidió empezar el proceso de transición.
Yo estuve ahí para todo. Para los miedos, para la burocracia, para las inseguridades, para los momentos hermosos y también para los durísimos. No fue fácil para ninguno de los dos, pero construimos algo tan fuerte que sentía que podíamos con todo. Y así fue, durante años.
Pero hace unos meses noté cambios. No sabía bien cómo nombrarlos pero había algo distinto en su forma de expresarse de mirarse al espejo. Hasta que un día me lo dijo: está volviendo a cuestionarse su identidad. Que todo lo vivido no fue mentira ni un error, pero que no acaba de encontrarse en ningún sitio. Que se siente en tierra de nadie. Que tal vez necesita volver atrás o avanzar hacia otra cosa.
Y me lo dijo con una mezcla de miedo y honestidad que me rompió por dentro. Porque sé lo que cuesta llegar a esa conclusión. Porque le quiero. Porque me sigue importando profundamente su bienestar.
Pero no puedo evitar pensar también en mí.
En el desgaste que fue todo el proceso anterior. En lo mucho que removió mi vida también. En el miedo constante a no estar a la altura. En las miradas, los comentarios, las dudas de fuera y de dentro.
Y ahora me siento egoísta por pensar que tal vez no estoy preparada para vivir de nuevo todo eso. Que tengo dudas de si podré aguantar otra vez el tsunami emocional, físico, social, mental… que una transición implica. ESTOY AGOTADA.
No quiero decirle que no lo haga. No quiero que sienta que le freno o que le amo solo bajo ciertas condiciones.
Estoy muy perdida. ¿Se puede querer a alguien mucho y aun así no poder acompañarle en todo?
Gracias por leerme. De corazón.
