El titulo ya hace spoiler, pero para aclararlo, soy una chica trans.
Es algo que tengo que aclarar solo en situaciones como esta, porque en mi día a día no hace falta. Soy mujer y me llamo y me visto como tal. No doy explicaciones a nadie y solo tengo esa conversación con mis parejas o personas que pasan a formar parte de mi circulo más cercano.
Nunca me ha gustado ser el centro de atención o que las miradas vengan hacia mí, soy discreta y voy a mi bola, procuro no molestar a nadie y no me meto en los conflictos que se forman con estos temas.
Quiero hacer mi vida y punto. Por eso me molesta tanto que haya gente que crea que puede impedírmelo.
Llevo yendo al mismo gimnasio voy con una amiga y tenemos nuestras rutinas y el paseo y café de después. Nunca hemos tenido ningún problema en la sala, al revés, la gente es muy amable y hay muy buen ambiente, sobre todo entre los que hacemos crossfit.
Todos y todas nos conocemos, nos hemos ayudado en los entrenos, hemos reído, hemos llorado de frustración y hemos sufrido agujetas. Lo que viene siendo unos buenos compañeros de equipo.
Pues hace unos días nos invitaron a todos los del grupo a la comida del gym, una especie de cena de empresa, pero con más cerveza y con unos juegos tipo olimpiadas antes de comer.
No habíamos ido nunca a algo parecido, nos pareció divertido y nos apuntamos.
La comida fue en una especie de zona al aire libre con barbacoas donde también hacían paintball, todo estaba rodeado por cañizo y habían preparado un circuito para las pruebas. Hacía algo de frío, pero a la que empezamos a correr y prepararnos, se pasó enseguida.
Los juegos fueron una pasada, nos reímos muchísimo, hicimos equipos con gente de otros horarios del gym y de actividades que no conocíamos, nos cansamos, competimos y nos ganamos a pulso las cervezas de después y la comida.
Mi amiga y yo estábamos en nuestra salsa, conociendo a varios chicos que ni nos sonaban, pasando un buen rato y echándonos unas risas.
Pues cuando llegó la hora de comer, la gente se fue sentando en las mesas largas que habían preparado en un momento, cada uno cogió un sitio y para cuando yo llegué, quedaban pocos.
Me acerqué al primero que vi y cuando fui a sentarme, un tío que no conocía de nada y que estaba riéndose como un descerebrado con sus colegas, le dijo hablando muy fuerte a uno de ellos:
No la mires tanto que es un travelo.
Se giró toda la mesa. Él se quedó riéndose solo y los demás se callaron incómodos. Allí había muy poca gente a la que yo le hubiera contado mi pasado, todos me miraban con cara de sorpresa, ojos juzgándome y algunos con pena. Supongo que por la situación. Yo me quedé helada sin saber reaccionar.
El tío no tuvo bastante y siguió. Dijo que no me pusiera así, que solo quería avisar a su amigo de que yo venía con sorpresa.
Y se siguió partiendo el culo.
Yo tenía tantas ganas de llorar, que solo supe darme la vuelta e irme a buscar a otra silla que estuviera bien lejos, esperando que en un rato la gente pasase a otra cosa. Pero cuando me había alejado un poco, viendo las caras de compasión y lástima de la gente, algo se me encendió y volví hacia él.
Cogí una de las jarras de cerveza que había en la mesa y cuando le tuve delante, se la tiré entera encima. Le llené toda la cara y la ropa de cerveza, y cuando me di cuenta le estaba gritando que así cerraría esa bocaza que tiene.
Él se encabronó y se me quiso echar encima, pero sus amigos le pararon. Me gritaba que ahora estaba sacando los cojones que tenía colgando, que podía pegarme porque no era una mujer y varias barbaridades más que solo le pusieron en evidencia.
Los organizadores y uno de los monitores de crossfit que me conocía, vinieron rápidamente y echaron al energúmeno de la comida. Yo me quise ir, porque habíamos montado un numerito y ahora todo el mundo estaba pendiente. Pero me insistieron en que me quedara.
Yo estaba muerta de vergüenza y llena de rabia. Le dije a mi amiga que en cuanto termináramos de comer me quería ir, pero me convenció diciendo que la mejor venganza que podía tener, era quedarme y pasármelo bien.
Así que eso hice, me quedé. Aguantando alguna que otra mirada indiscreta, comentarios con los que me hice la sorda y alguna broma con buena intención.
Los amigos del impresentable vinieron a pedirme disculpas y me dijeron que había bebido mucho, que seguro que después recapacitaba y también se disculpaba. Acepté las disculpas y les dije que, sinceramente, ese tío me daba igual.
El día acabó medianamente bien y tuve que luchar contra mi impulso de borrarme de ese gimnasio y buscar otro dónde no coincidir más con ese tío o con todos los que pensaban como él en la comida, pero no lo habían dicho en voz alta. Me costó unos dos meses ir con confianza a crossfit, no pensar en todo aquello o desconfiar de la gente que venía a hablar conmigo.
Con este tío coincidí un par de veces en la sala. Jamás se acercó a disculparse y me desviaba la mirada.
Pero, y os juro que esto es verdad, le pillé un montón de veces mirándome de arriba abajo.
