Reproducimos testimonio de una seguidora:
Principios de mayo, pasada Semana Santa, antesala del verano y de la época en la que más facturamos.
Se refuerza la plantilla, se amplían horarios y se consigue más género. Colocamos la terraza y nos disponemos a pasar unos meses que serán tralla absoluta, pero que para el negocio valen mucho la pena.
Pues viene un gilipollas y me lo jode todo.
Yo tengo un restaurante normalito, no es muy pretensioso, pero sí que tiene un buen nivel. Es bastante conocido en la ciudad y está muy cerquita de la playa. Somos la opción que suelen coger para celebraciones un poco más alegantes, y también tenemos servicio más de “chiringuito”, dónde servimos cócteles y helados. La plantilla es amable y estoy muy contenta con ellos. Si tenemos una pega, son los tiempos de espera, que a veces se nos van de las manos y la gente termina esperando unos 15-20 minutos. Pero vamos, que no somos ogros.
Por todo esto, me ha cabreado muchísimo que un influencer haya hecho una mala crítica de mi restaurante, sin fundamento además, y me haya caído una lluvia de críticas para la que no estaba preparada.
El chaval vino, porque es que es prácticamente un niño, y nos pidió comer sin reserva, a las 14:30 del medio día. Teníamos la sala bastante llena, y, como es protocolo, las camareras le dijeron que no atendíamos sin reserva. Él se indignó y empezó a alzar la voz y a decir que solo era una persona, que vaya restaurante éramos si no le podíamos atender, que había venido expresamente, que era una vergüenza y varias perlitas más.
La lió tanto que acabé saliendo yo. Hablé con él, le expliqué la situación y le dije íbamos a intentar hacer lo posible para que comiera, pero que se tendría que esperar un poco.
De entrada, ya se nos cruzó a todos, porque si tú vas a un local sin reservar y te dicen que no hay sitio, te vas. No tienes ningún derecho a montar espectáculo y a exigir nada. Pero bueno, intentamos contentar a todo el mundo, así que le sentamos en la barra y le pedimos que espere.
Íbamos muy liados, pero a la que se queda una mesa libre, le sentamos y le atendemos. Nos fue a pedir justo lo que se nos acababa de terminar después del servicio de medio día, se lo dijimos, le ofrecimos alternativas y nos puso malas caras. Empezó a resoplar y a decir que después de todo el tiempo esperando, era una mierda no poder comer lo que quería, que todo le había parecido mal. Pidió de malas maneras y, cuando la camarera se iba, le dijo: “esta vez no tardéis tanto como para sentarme.”
Ella se mordió la lengua y nos pidió no atender esa mesa más, a lo que decidí encargarme personalmente. Yo le llevé los platos y le atendí todo el rato. Cuando me iba, podía ver como les hacía videos a los platos y al local, pensé que sería para alguna reseña y no le di importancia, pero sí que me jodió pensar que diría tonterías y en mi mente ya le estaba contestando en Google maps.
Cuando me pidió la cuenta, me dijo “y me la traes rapidito, que bastante tiempo he pasado aquí”. Ahí ya me cabreé y, educadamente, le dije que le habíamos avisado de que había tiempo de espera, que había venido sin reserva y que habíamos hecho el esfuerzo de atenderle. Que sentía mucho si había tenido que esperar, pero que era hora punta y no podíamos hacer nada.
Se cabreó y empezó a alzar la voz otra vez, a decir que ni si quiera teníamos la comida que quería y que no pensaba volver. Le dije que me parecía estupendo, que pagase y que se fuera, que aquí tampoco queríamos a clientes como él.
Pagó de malas maneras y se fue.
No es el primer imbécil que atendemos, así que tampoco nos amargó la vida, lo pusimos fino entre nosotros y esperamos la reseña de una estrella. Pero lo que vino fue mucho peor.
El chaval, conocido en el mundo fitness, al parecer, hizo un video nada más salir del restaurante. En el video salía él hablando y se veía nuestro local, a nosotros trabajando, los platos que había comido y parte de nuestra carta.
En el video se quejaba de que había esperado casi una hora para que le atendieran, cosa que es mentira, esperó máximo media, pero tampoco explica que vino sin reserva y que se le avisó. Se quejaba de que las camareras no quisieron atenderle y tuvo que salir la jefa para que le dejasen comer, que le había parecido una falta de respeto tener que quejarse para que le hicieran caso (me ahorro los comentarios). Luego decía que las camareras eran bordes, lentas, que le trataron de malas maneras y que encima, cuando él comentó que había esperado bastante, le contestaron muy mal. Que ni si quiera teníamos muchas cosas de la carta y que encima, al irse, le habíamos dicho que no volviera.
El video tenía muchísimas visitas y el muy desgraciado, animó a todos sus seguidores a escribir una crítica negativa.
Cuando amanecimos teniendo de media UNA SOLA ESTRELLA y cientos de críticas negativas, inventándose experiencias o repitiendo directamente lo que había pasado con este chico, nos dimos cuenta de que tenía algo que ver y entonces encontramos el video.
Ahora mismo estoy en una batalla con Google para que retire todas esas críticas falsas, porque realmente han hecho muchísimo daño y nadie va a querer pasarse por un restaurante tan mal cualificado durante el verano.
Estoy con una rabia y una angustia que no puedo ni dormir. No paro de entrar a revisar si ya las han quitado o si hay alguna más.
Por desgracia no podemos hacer mucho. Me jode muchísimo que ese impresentable se haya salido con la suya y me revienta la gente que ha estado haciendo lo que pide a pies juntillas sin pensar en como nos afectaría a nosotros.
No entiendo cómo les damos voz a estas personas, por qué tienen tanta visibilidad y el hecho de que se les conceda tanto poder y tengan la capacidad de hundirme el negocio.
Os aseguro que este personaje no ha trabajado en su vida. Si has trabajado, no te comportas así con otros trabajadores.
Nunca deseo el mal a nadie, pero ojalá le bloqueen el puto canal y se le estampe ese complejo de Dios contra el suelo.
