Pues llevaba siete años sola. Después de una ruptura súper traumática —vivíamos juntos y llevábamos tres años—, de repente hizo sus maletas, me dijo que se terminaba todo porque había conocido a alguien y desapareció. Ya me había dicho que lo mejor era contacto cero.
En Semana Santa, una amiga nos invitó a mí y a otras amigas a su casa del pueblo; había fiestas y uno de sus amigos también había invitado a sus colegas. Allí conocí a mi pareja actual. Desde el principio congeniamos: era superagradable, gracioso, simpático, se había separado de su pareja pero lo había superado. Él tiene 41 años y yo 44.
Al volver a la ciudad, los dos vivímos en la misma ciudad —aunque él es vasco— y empezamos a salir, finales de abril. Todo muy bien desde el principio, muy buen rollo… Él vive con dos compañeros de piso, los tres funcionarios, son majos, aunque a su casa no voy mucho; he estado como cuatro veces. Yo, por el contrario, vivo sola. Pasamos los fines de semana en mi casa: normalmente viene el viernes y se va el lunes por la mañana. En verano nos fuimos a Londres porque su hermano vive allí. Algunas vez como una vez cada 6 semanas se va a Euskadi a ver a su familia y se queda 3 dias
En octubre, ya más asentada, me di cuenta de que su actitud cambiaba un poco cuando estábamos con otras personas: menos cariñoso, menos gracioso, parecíamos más bien amigos que pareja. Y no es por que sea timido, simplemente me trata de forma diferente.
Hablé con él para aclarar en qué punto estaba nuestra relación. Me decía que todo estaba genial. Yo le dije que quería exclusividad, y él me aseguró que desde que me conocía solo había estado conmigo, así que seguimos juntos. Eso sí, me comentó que no se planteaba boda ni nada similar, que la relación tal como estaba en ese momento era perfecta. También hablamos de que quizá, en el futuro, podríamos llegar a vivir juntos.
Y así seguimos… hasta hace dos fines de semana. Fuimos con unos amigos a un pueblo del País Vasco y, durante la cena, una de sus amigas de toda la vida le preguntó: “¿Qué tal?” y él respondió: “Bueno, nos estamos conociendo”. Me quedé helada. ¿Nos estamos conociendo? Llevamos juntos casi once meses. Además, esta mujer es una de sus mejores amigas. Se llevan muy bien y se cuentan todo. Me sentí fatal, como si me estuviera negando, como si quisiera mantener su “libertad” por si apareciera otra mujer interesada en él. Es que no le encuentro otra explicacion
He estado atando cabos y me da la impresión de que está conmigo un poco por estar… hasta que aparezca alguien que le guste de verdad. Sí, le atraigo, pero no lo suficiente como para presentarme como su pareja después de once meses, teniendo una relación en la que hablamos cada día, nos vemos todos los fines de semana y viajamos juntos.
Por supuesto, puedo hablar con él sobre esto, pero ya me he quedado mal. Yo sí estoy enamorada de él y me confunde. No entiendo por qué me ha presentado a sus amigos y a su familia, pero luego comenta —y creo que no es la primera vez— que nuestra relación “no es gran cosa”. Me he empezado a rayar un montón, preguntándome si está abierto a otras relaciones o si ha quedado con alguien más mientras estamos juntos, ya que entre semana casi no nos vemos, y cuando va a Euskadi no me cuenta mucho al volver, solo que todo ha ido bien
