Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Tenemos un grupo de amigos del pueblo. Nos juntamos desde que éramos niños, el grupo ha ido cambiando, pero la mayoría nos conocemos desde entonces. Un de los principales integrantes del grupo se casó con otra de las de la pandilla. Ella es del pueblo y la conocemos desde siempre, pero estaba en otro grupo y empezó a venirse con nosotros poco tiempo antes de comenzar la relación con mi amigo. Siempre ha sido muy especialita.
Más que especialita, siempre ha sido bastante estúpida, está feo decirlo, pero las cosas como son. Lo que pasa es que nadie lo veía, solo otra amiga (que casualmente es su prima) y yo, al resto del grupo les parecía maravillosa, así que nosotras no nos hemos atrevido nunca a ponerla verde fuera de las fronteras de nuestra intimidad. Cada desplante que hace a alguno de nosotros es como si nadie lo viera, cualquiera diría que tienen una máscara puesta. Y los mayores desplantes se los hace a su marido, que es uno de nuestros amigos más queridos.
Poco a poco, el resto de amigos se ha ido dando cuenta de que siempre que tenemos alguna movida grupal está ella en el centro, y a comentarlo con los demás. Un avance, nosotras, por si acaso, seguíamos prudentes sin decir nuestra opinión real.
Pero en los últimos tiempos se ha dado un cambio de paradigma en el grupo: todo el mundo ha abierto los ojos y se ha dado cuenta de lo insoportable que es. De lo caprichosa, lo egocéntrica y lo mal que trata a nuestro amigo. Cuando ella está de buenas es majísima, te ríes con ella, es agradable, da gusto; pero como esté de malas…te mira y te asesina, ni te saluda. Y esa faceta de cuando está bien ser muy agradable creo que es la que ha hecho que la gente la aguante durante tanto tiempo. El problema es que por cada día bueno tiene 20 malos y ya cansa.
Cada vez que hacemos un viaje en grupo, una salida o simplemente bajamos a dar un paseo si viene ella vamos con miedo: ¿tendrá el día bien? Y ya nadie se corta en comentar unos a otros que no hay quién la aguante y que el agujero negro del grupo es ella, que amarga todos los planes. Si ella está cansada y no quiere salir todos tenemos que estar cansados y no salir; si ella quiere hacer una visita cultural todos tenemos que ir a hacer la visita cultural; si ella no quiere hacer una visita cultural nadie hace una visita cultural; si ella quiere comer en un restaurante se come; si quiere comer en casa se come en casa y se cocina lo que ella diga; si quiere ir de fiesta a un pueblo se va a ese y no al de al lado; si quiere ir a la piscina se va a la piscina y no al río… Así que en los días en los que está ocupada y no sale sentimos un alivio tremendo, respiramos aire de libertad.
Tanto es así, que las últimas ocasiones en las que hemos salido y ella no ha venido, el grupo ha planteado a las claras la idea de echarla. El problema está en que no podemos simplemente mandarla a la mierda, ni tampoco ir dejando de quedar con ella hasta que se enfríe la relación, porque su marido es uno de los imprescindibles de este grupo. Si dejamos de verla a ella dejamos de verle a él. Y nadie está dispuesto a eso. Por supuesto él no se va a separar ni nosotros se lo vamos a decir, si ha visto algo en ella él sabrá lo que es…
Lo que peor llevamos es cómo le trata a él, a quien tanto queremos. Es un buenazo y no se atreve a llevarle la contraria nunca, y lo entendemos, porque a ver quién tiene narices…pero nos da mucha pena. Le echa unas broncas en medio de la calle por nada, le hace vacíos y silencios asesinos delante de todos que nos asustan a nosotros, así que no queremos imaginar lo que hace cunado están solos. Pero en fin, él dice: «hoy me espera bronca», pero parece feliz, así que no nos podemos meter.
Solo espero que algún día él o nosotros consigamos reunir la valentía para decirle: maja, te estás pasando.
