Mi hija tiene 14 años y sale a la calle vestida que me da miedo. No sé si tengo derecho a decirle algo o si soy una madre antigua.
No es que no me guste cómo va vestida porque no sea moderna o porque me parezca raro que las chicas jóvenes vistan así. Es que mi hija tiene 14 años y cuando la veo salir por la puerta hay algo en mí que se encoge porque sé lo que hay ahí fuera y sé que ella todavía no lo sabe del todo aunque crea que sí.
El otro día se fue a un cumpleaños con un top que era básicamente un sujetador y una falda que no le tapaba casi nada y cuando le dije algo me miró con esa cara de los 14 años que significa que soy la persona más antigua y más pesada del mundo y me dijo que todas sus amigas iban igual y que no era para tanto y que ella podía vestirse como quisiera.

Y tiene razón en lo último. Puede vestirse como quiera. Eso me lo creo y me lo repito y no quiero ser la madre que le transmite a su hija que la ropa que lleva es responsable de lo que le pueda pasar porque no me creo eso y no quiero que ella se lo crea tampoco.
Pero el miedo existe igual. Existe porque tiene 14 años y parece de 22 y el mundo no siempre distingue entre las dos cosas y esa diferencia importa aunque no debería importar.
Lo que no sé es dónde está el límite. Si le digo que no puede salir así estoy controlando su cuerpo y su autonomía y eso tampoco me parece bien. Si no le digo nada me paso la noche mirando el móvil esperando que me escriba para decirme que está bien. Las dos opciones me cuestan y no encuentro una tercera que no me cueste también.
Mi madre me decía lo mismo a mí con 14 años y yo la odiaba por ello. Ahora la entiendo y eso es lo más inquietante de todo.