Nunca se lo he contado a nadie. Me imagino las caras de mi entorno. Los…¿no te da vergüenza? ¿Qué necesidad? ¿Pero por qué haces eso? Hay que estar muy mal para vender bragas. Pues chica, no lo sé. Lo único que sé es que vivimos en una época en la que vender ropa de segunda mano está a la orden del día. Pero si cambiamos el nombre de la prenda y en lugar de vender faldas le digo al mundo que vendo bragas usadas, te puedes imaginar el juzgamiento. Sería objetivo de críticas constantes, de burlas y malas caras, y de momento no me apetece pasar por eso. ¿Se supone que somos libres de vivir como queramos no? Pues en ello estoy.
No me preguntes cómo he empezado ahí, pero estoy en-can-ta-da. Es algo bastante discreto, nunca he tenido que mostrar mi cara. No digo que esto con la intención de que todo el mundo lo entienda, ni tampoco creo que sea algo para todo el mundo. Pero a día de hoy, a mi me supone un ingreso extra cada mes, sin tener que dar explicaciones y sobre todo sin ser un sobre esfuerzo exagerado.
Creo que va más allá de las bragas en sí mismas. Tiene que ver con los límites que las personas están o estamos dispuestos a cruzar para ganar dinero. Es el eterno debate.
En mi humilde opinión, mientras una persona con sus actos no se haga daño a si misma o a ninguna otra, ¿donde está el problema? ¿es que por ser algo poco común o socialmente con poco encaje debería de dejar de hacerlo? ¿Lo que incomoda es que venda ropa interior usada, o que se consuma?
Entiendo todas las posturas ¿eh? Pero esta es mi decisión. La decisión de una persona libre, que en todas sus capacidades decide que ir a entrenar y después vender sus braguitas es un negocio fantástico y más que rentable. Hay muchas otras formas de ganar dinero que rozan la explotación y nadie se escandaliza. Pero esto, esto tiene que ver con el cuerpo, y sobre todo con el cuerpo y la intimidad de una mujer, en lo que parece que todo el mundo tiene una opinión que dar, sin importar la mía propia.
Así que no, no se lo he contado a nadie. Y así seguirá, al menos mientras no vea que la sociedad, o al menos mi entorno está preparada para ello. Soy libre, pero no puedo negar, como supongo que nadie, que los comentarios negativos en masa no gustan. Y además, que mi entorno empiece a juzgar mis actos o a verme con otros ojos no me haría ninguna gracia. Entonces sí, soy libre de mis decisiones, pero tristemente no libre del todo, porque no puedo compartir lo que hago con la seguridad de que no va a incomodar. ¿Y vosotras qué opináis?