Sé que es probable que más de una creerá que estoy llena de prejuicios o incluso que soy una racista, pero os pido que leáis mi experiencia y penséis con honestidad si no es muy raro lo que me pasó.
Pues hice un pedido al Shein de ropita, que tenía yo ganas de estrenar modelitos. De normal, mi marido está en casa porque trabaja de noche. Así que casi siempre, puede recoger los pedios en casa. Alguna vez me lo ha recogido un vecino. Y alguna otra vez, cuando no han encontrado a nadie, lo han llevado a un punto de recogida.
Pues esta vez fue una de esas. Yo pensaba que al día siguiente volverían a pasar. Y por si acaso, esperé a las nueve para llamar y pedir que lo dejaran en el estanco que hay cerca de casa. Pero antes de que llamase, me llegó un e-mail en el que me decían que no me habían encontrado en dos ocasiones (mentira) y que lo habían dejado en un punto de recogida. Y me daban la dirección. Habían escogido ellos directamente el sitio. No, no era el estanco de cerca de casa. Era un locutorio en otro barrio de mi pueblo.
Resulta que en mi pueblo hay mucha inmigración. Y hay un par de barrios que la verdad es que se han convertido en auténticos guetos. Te sientes bastante observado cuando pasas por esas calles.
Bueno, pues el locutorio que servía de punto de recogida estaba en medio de uno de esos barrios. En pleno territorio comanche, como le llama más de uno que conozco.
Fuimos en coche, porque volvíamos de hacer la compra en el súper. No había sitio cerca para aparcar y mi mirado, que conducía, me dijo si prefería que fuese él. Yo le dije que no, que parase dónde pudiese y ya iba yo.
Conforme iba andando por la calle, acercándome al sitio, la gente que había en la acera y en las entradas de un par de comercios, dejaban de hablar entre ellos y me seguían con la mirada.
Llego al local y entro, dando las buenas tardes. Un mostrador, un chico atendiendo en el mostrador a un cliente y otro haciendo cola. Me miran pero no me contestan. Me pongo yo la última en la cola. El cliente que estaba siendo atendido, acaba y se va. Empiezan a atender al señor que estaba delante de mí. De la trastienda, sale otro señor y echa la llave a la puerta, con un par de vueltas, y se vuelve a meter dentro.
El chico del mostrador me pregunta si venía a recoger un paquete. Le digo que sí y me pide que me espere, que ahora saldrán de dentro a atenderme. Le doy las gracias y sigo esperando.
Vuelve a salir el señor de la trastienda y me pregunta si vengo a recoger un paquete. Le digo que sí y me dice que entre, que lo buscaremos juntos. Y se mete para adentro. He de reconocer que me giñé. ¿Puerta cerrada con llave, con mínimo tres tíos dentro, y que pase a la trastienda? En unas centésimas de segundo pensé de todo. Que me robaban, que me mataban, que vendían mis órganos en el mercado negro… Pero no se me ocurrió negarme a entrar. Así que puse mi mejor sonrisa, intentando disimilar el canguelo que tenía, y entré en la trastienda. Había un montón de paquetes por el suelo. Me preguntó el nombre y me dijo que le ayudara a buscarlo. Yo no me atrevía a agacharme para leer los nombres de los destinatarios porque pensaba que podían aprovechar para darme un porrazo por detrás en la nuca y dejarme inconsciente. Así que intentaba descifrar los nombres desde arriba. En menos de un minuto, el señor encontró el paquete y me lo dio. Me dijo que saliese fuera que el chico del mostrador me lo escanearía para finalizar la entrega.
Salgo, me escanea el paquete y me dicen, un momento, que te abro la puerta. Dos vueltas de llave, me abrió la puerta y me dijo adiós, buenas tardes.
Volví a respirar en la calle, pero los parroquianos me volvían a mirar. Así que apresuré el paso y me metí en el coche, nerviosa perdida.
Cuando me preguntó mi marido que qué me pasaba, le dije que arrancase, que se lo contaba mientras nos alejábamos de allí.
Y ahora, de verdad, con la mano en el corazón, ¿qué hubierais pensado en mi situación? A ver, pasar, no me pasó nada. Pero ¿por qué cerró con llave la puerta? ¿Por qué me hizo pasar adentro? Por de pronto, yo me voy a asegurar de que cuando me programen una entrega en casa, haya alguien que la pueda recoger.
