Estimadas lovers, me siento estafada por la cultura del Amor.
Tengo 26 años y un currículum amoroso intensito y desalentador. Para que me entendáis mejor: mis relaciones más largas han sido no ya un fracaso detrás de otro, sino un conjunto de pérdidas -de tiempo, de energía, de ilusión, de autoestima- de las que apenas se pueden extraer aprendizajes. Tan kamikaze como suena. Hasta ahora me había aferrado al recuerdo de un amorío extraño que pertenece a una etapa igualmente extraña de mi pasado, para no darlo todo por vendido. Tenía la sensación de que había sido el único que había merecido la pena y que, puesto que lo dejé pasar por impulsos autodestructivos, constituía la prueba de que el amor es posible, posible para mí o en general, si me decidía a cuidarlo en otra ocasión. Era, por tanto, mi piedra rosetta en el plano sentimental y lo que me ayudaba a conservar la esperanza. Pero algunos hallazgos me han demostrado que viví engañada. Llevo un tiempo baja de ánimo a causa de esto, y es por eso que os escribo.
Mi problema es que soy una persona muy particular, con una educación, unos intereses, unos valores éticos, y una ideología fuera de lo común. Me cuesta tener afinidad incluso con amigos. No es que necesite salir con una calcomanía de mí misma, pero sí que haya entendimiento y que la cosa fluya. Tengo muy claro lo que quiero, y que no estoy dispuesta a renunciar a mi autonomía, ni a soportar humillaciones. Siempre rompo mis relaciones porque intentan cambiarme, obligarme a tragar con cosas que chocan frontalmente con mis ideales, o controlarme de alguna manera. Parece que es difícil respetar a los demás en nuestra sociedad.
Pero hay algo más. Se me quitan las ganas de seguir buscando -no es que ande a la caza con toda la proactividad de la que soy capaz, pero al menos estoy dispuesta a jugar- y tiendo a cerrarme en banda y a desconfiar. Temo estar convirtiéndome en una misántropa. O en una individualista radical. Hace tiempo que decidí centrarme en mi crecimiento personal pero, me pasa lo que a todxs, que me han programado para que desee tener pareja y aunque sé controlarme, una parte de mí añora la ternura, la pasión, la confianza, el plus de crecimiento que se supone aporta una bonita relación. Me siento sola y en parte condenada por mi propia actitud a morir sola. ¿Es que no sirvo para tener pareja? Me han puesto la cabeza como un bombo con el tópico «atraes lo que eres» (proyección), pero…¡he pasado por tantas fases diferentes! De hecho, os digo más, ¡ya me hubiera gustado atraer a personas con las que guardara ciertas semejanzas, que no fueran todo lo opuesto a lo que busco! Me hubiera ahorrado muchas mentiras y complejos de Pigmalión.
Sé que si renuncio a establecer relaciones íntimas yo misma voy a poner barreras infranqueables para que no me tomen el pelo. Tengo que llegar a un punto medio, pero ya no me cuela la cantinela que me suelo repetir desde hace años para no desesperar: «eres joven, tienes la vida por delante, estas cosas surgen cuando menos te lo esperas». No espero acertar a la primera o emparejarme de por vida, pero es que ni siquiera nadie llega a hacerme tilín. Rechazo a todo el mundo en cuanto pasa el primer mes y veo con toda claridad que el tema no es factible. ¿Por qué yo no puedo, como toda la gente de mi edad que conozco, sentir atracción por alguien, probar durante algunos años, trazar un proyecto común, ilusionarme y todo eso, sin llegar a dramas violentos o sin hartarme a las cuatro semanas? Algunos ex me han acusado de temer al compromiso, pero ¿acaso tengo que forzarme y alargar una relación desagradable, insatisfactoria o incluso mutiladora con personas que me hacen daño o que me son indiferentes?
¿Qué podríais decirme para alentarme y no tirar definitivamente la toalla?
Un abrazo, queridxs. Y gracias por la atención, que menudo rollo he soltado.