Puede que hayas terminado la carrera y decidas estudiar una oposición porque es lo que te lleva a tu puesto de trabajo soñado, o puede que un buen día te despertases sin la menor idea de qué hacer y hayas decidido que por qué no una oposición, que es lo que lleva tu madre diciéndote toda la vida, y mira qué bien le ha ido al primo Pepe con sus oposiciones y mira qué contenta la tía Mari ahora que ya tiene la plaza.

Sea como sea, nadie te prepara para lo que implica ponerte a estudiar unas oposiciones, y por eso he decidido escribir lo que me habría gustado que me dijeran:

  • Para empezar, las penas compartidas lo son menos, y el aislamiento social suele ser una amenaza constante en la vida de un opositor, así que hazte con tu grupito de opos, ya sea en la vida 1.0 o en la 2.0, en academia o a través de las redes, son quienes mejor te van a entender.
  • Si no eres una persona de estudiar en biblioteca, elige cuidadosamente tu opozulo. Es el lugar donde más horas de tu vida vas a pasar durante muchos meses. Hazlo lo más acogedor posible.
  • A veces, tener un ritual ayuda, algo que te ayude a pasar de “modo relax” a “modo estudio”. Si vas a la biblioteca es fácil, ya que cambias de ambiente, pero, ¿y si tu opozulo está en casa? Yo reparto mis horas de estudio entre biblioteca y mi casa, y cuando me quedo a estudiar en casa, antes me ducho y me visto como si fuera a salir. Es una tontería, pero me funciona.
  • No permitas nunca, pero nunca, que nadie te diga que “ay, pero si sólo estudias, menuda vida te pegas”, o que te juzgue por depender económicamente de tus padres o de tu pareja mientras preparas oposiciones. Preparar opos es un trabajo, uno en el que puedes echar tranquilamente 8 horas diarias por las que nadie te paga.
  • Por último, y quizás sea lo más importante, una oposición es mentalmente agotadora. Es renunciar a muchos aspectos de tu vida. Implica, a veces, ver a gente de tu edad empezando a alcanzar sus objetivos vitales mientras tú estás “aún estudiando”. Cuida tu salud, física y mental. Suena a perogrullada, pero salir a dar un paseo no es perder el tiempo, ni lo es dejar el estudio ese día que no te está cundiendo nada. Las horas de estudio se recuperan rápido, la salud, especialmente la mental, tarda mucho tiempo en recuperarse.

En resumen, una oposición es una competición contigo mismo, una carrera de fondo en la que es vital la resistencia y el compromiso, pero recordad que no hay vergüenza en dejarlo cuando sientas que no puedes más.  Ni el trabajo soñado, ni el mejor pagado, merece que te pierdas por completo a ti mismo.

Mucho ánimo, y si opositáis para Secundaria en Galicia, ¡nos vemos en junio!

 

Lara Rodríguez. Psicóloga y opositora.

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