Hola loversizers <3
En primer lugar, gracias por leerme. No sé si lo correcto es escribirlo aquí, pero, ya no aguanto más y no me atrevo a contárselo a nadie. En parte, he de admitir, que por vergüenza.
Llevo cinco años con mi novio, 10 años mayor que yo. Cuando empecé con él, lo hice de manera muy precipitada. Yo acababa de salir de otra relación de abuso y maltrato emocional y, he de decir, que mi ahora pareja me ayudó a dejar a la anterior.
Al principio, os podéis imaginar: todo era idílico. Él se definía como una persona no celosa, era cariñoso, comprensivo, maduro… No tardé mucho en empezar a ver su verdadera cara. Trataba mal a sus compañeros de piso, golpeaba las paredes u otros objetos, era agresivo… Incluso delante de mí. Yo me quedaba helada, pero siempre hacía algo para convencerme de que no era culpa suya.
Por supuesto, había banderas rojas por todas partes, pero yo no fui capaz de ver («la mayoría de sus ex estaban locas», su agresividad no era culpa suya…). Además, eso de no sentirme bien en la relación no era nuevo para mí, porque venía de otra relación en la que tampoco estaba bien, pero como en esta nueva no estaba tan mal, me quedaba.
Cuando le presenté este chico a mis padres, al principio, todo bien; fue amable y se cayeron bien. Él no trabajaba, pues quería un trabajo digno y no iba a aceptar unas condiciones que no le convencieran (mientras, cobraba una ayuda), pero prometía buscar empleo.
He de decir que, la primera semana tras conocernos, ya le presté 300€ para pagar la habitación donde estaba. Poco después de ese primer préstamo, vino otro para comprarse un ordenador. Después porque no le llegaba el dinero (fuma porros), porque había un imprevisto… En fin, que durante el primer año de relación, su deuda conmigo ascendió a los 1000 euros.

Pasó el tiempo y el primer roce con mi madre llegó. He de decir que soy hija única de mi madre y, hace años, sufrimos violencia de género y vicaria. Afortunadamente, ella logró rehacer su vida. Bueno, el caso es que pasaban los meses, él no encontraba trabajo y, aunque ella no sabía que le había prestado dinero, me advirtió que él se quería aprovechar de mí. Yo, tras esa conversación, me quedé realmente afectada (ella fue dura, entiendo que porque veía lo que me iba a pasar), con tal mala suerte de que después había quedado con él. Él se enfadó con ella y aprovechó una llamada de teléfono para gritar por detrás de mí que él no era ningún ladrón y que no iba a engañar a nadie (quería hablar con ella, pero yo no se lo permití). Tras eso, mi madre se pensó que él me estaba maltratando y le llamó a su número diciéndole que como me hiciera algo, lo mataría. Luego me vino a buscar y me obligó a irme con ella. Yo solo lloraba.
Pasaron pocos meses desde ese episodio y las aguas se calmaron. Iban a venir unos amigos de otra ciudad a vernos y, ese preciso día, antes de ir a buscarlos a la estación, mi madre decidió verle para limar asperezas. Cuando nos vimos, él se disculpó y ella no aceptó las disculpas, pues le decía que tenía que demostrar no querer aprovecharse de mí para que lo perdonara. Este hecho desató la rabia de él y fue muy faltón con ella, no la insultó directamente, pero le dijo que no tenía nada que demostrarle. Obviamente, esto tensó la situación muchísimo más y mi madre se enfadó muchísimo conmigo por no irme con ella en el momento.
Cabe decir que para esta segunda discusión con mi madre, ya llevábamos prácticamente un año juntos y ya me había comenzado a hablar mal y a gritar durante nuestras discusiones.
Pasó más el tiempo y decidimos irnos a vivir juntos. Cuando decidí eso, prácticamente, no me hablaba con mi madre. Yo estaba comenzando a trabajar en mi primer trabajo y él se convirtió en mi gran apoyo. Durante ese primer año de trabajo, el estrés hizo que mi regla fuera irregular, por lo tanto, decidí dejar de tomar las pastillas anticonceptivas. Como estábamos acostumbrados a hacerlo sin condón, yo no pensé en ello (lo sé, muy irresponsable por mi parte) y él tampoco. Me quedé embarazada. Aborté, pero entre una cosa y otra, ese primer año de trabajo tampoco pude ahorrar. A esta etapa, cabe añadirle que, debido a un incumplimiento en horas sociales (se despistó y no fue a la cita), pedían dos años de cárcel para él. Finalmente, lo perdonaron pagando una multa que tuve, por supuesto, que pagar yo, pues él no trabajaba.
Comienza el segundo año juntos y solo ha trabajado dos meses en un trabajo que ha dejado debido a que cobra poco para lo que él considera que debe cobrar. Vuelven a buscarle para ir a la cárcel, debido a que tenía como condición no delinquir (cuando le multaron, lo encontraron culpable de delito de desobediencia), por lo que esta vez es condenado a pasar tres meses en prisión. Durante esos tres meses, de los cuales solo pasa tres semanas debido a su buena conducta e intención de reinserción, yo me encargo del piso, de mi trabajo, de la ansiedad de saber si estará bien… Ese verano, peté y enfermé durante cuatro meses.
Esa estancia en prisión le permite, por fin, encontrar un trabajo más o menos estable, en el que pasa cuatro meses, trabajando donde vivimos y en otros lugares a nivel estatal e internacional. Veo la luz, creo que todo se va a estabilizar. Claro, durante estos años la deuda ha crecido hasta los 8000 euros y, como ya trabajo y gano bien, los gastos de ambos cada vez son más grandes.
Comienza el tercer año juntos y, al poco tiempo, tiene un neumotórax. Como en ese entonces estábamos en una buena etapa, lo ayudo desde el corazón. Hay situaciones que ya tengo normalizadas, así como tener que invertir más dinero que él… Hasta verano del año pasado no vuelve a conseguir trabajo (tras la rehabilitación y la pandemia, tardó en volver a estar activo). Durante ese verano, se lesiona, falta cuando sabe que no le van a renovar, llega tarde… Hasta que consigue otro trabajo en Francia donde se lesiona y debe volver antes.
Desde entonces, no ha vuelto a trabajar en un año. Cabe decir que ya no tenía paro ni ayuda social, por lo que llevo más de un año haciéndome cargo yo sola del alquiler y los gastos de ambos. Este verano encontró trabajos que no le convencieron, así que los dejó. Además, en uno de ellos acabó peleándose y llegando a las manos con su jefe.
Ya no puedo más. Me debe prácticamente 24.000€ tras cinco años y pico juntos. Yo he tenido que pedir préstamos para seguir adelante con los gastos y llevo meses quedándome en saldo negativo prácticamente durante los primeros días. A todo esto, él sigue fumando y no ahorra en nada. Es caprichoso: se compra videojuegos, tabaco, porros… y no me siento capaz de negarle nada, porque siento que no tiene a nadie más (es huérfano y no tiene más familia).
Respecto a la forma de tratarnos, yo tengo carácter, contesto, pero me siento muy anulada, puesto que, os confieso, que he llegado a sentir miedo. Nunca me ha puesto la mano encima, excepto por una palmada en el brazo hará unos dos años y un empujón hace cuatro años, cuando me metí entre él y su compañero de piso para que no se pegaran. Sin embargo, los gritos y golpear paredes u objetos se ha vuelto algo normal.
No me atrevo a salir a la calle con él, pues, en muchas ocasiones, cuando hemos salido, él se ha encarado con alguien y hemos tenido que irnos para que no se pegara.
Después de esto, os preguntaréis por qué no lo dejo. En primer lugar, porque temo que no me devuelva el dinero y pienso que, si finalmente mejora él y su situación, me devolverá el dinero si sigo a su lado. Además, sé que no aguantaría el juicio de mi familia; no quiero que sepan que yo, con estudios, preparada, el orgullo de la familia, está pasando por todo esto. No quiero que les afecte y que sientan que he causado un problema. Ninguna de mis amigas sabe nada tampoco, ni siquiera las más cercanas.
En fin, chicas, muchísimas gracias por leerme. Perdonad la longitud, pero necesitaba soltar lo que tengo dentro, que ya me quema y voy a reventar.