Ay, los límites, todos muy a tope con ellos hasta que nos los ponen a nosotros…
Con quien tiene que convivir es con su pareja, no contigo y, tenga razón o no, veo normal que haya tomado esa decisión para ahorrarse disgustos. Ahora el asunto está en como vais a gestionarlo ambos.
Por otro lado, por los términos en los que hablas, me da la sensación de que sigues colgadísima de él («tenemos una relación fantástica, de confianza y de apoyo mutuo», «Ella acaba de llegar y yo llevo ahí toda la vida») y la chica se te ha atravesado por celos («se casó seguramente por presión de ella», «desde el principio me miraba mal»). Se ha dado cuenta, ha pedido límites a su marido, él ha accedido a ponerlos y drama servido. Realmente, por como narras la historia sí parece que estés pilladísima por él y más catalogando a la mujer de arpía.
La vida son ciclos, algunos se cierran con éxitos y otros con fracasos. La prioridad de él ha sido la persona con la que se ha casado y convive a diario y ahí han obrado como han creído conveniente. Acertado o no, el tiempo lo dirá. Solo queda aceptarlo y seguir con tu vida o revolverte contra algo sobre lo que no tienes control.