Hija mía, que drama y qué rigidez.
Tú no quieres tener un debate, tú quieres adoctrinar y validación total, uno de los males de nuestro tiempo, por cierto: esperar, de forma infantil, una comprensión total de tus emociones.
Se te han expuesto argumentos: puedes felicitar por educación, al margen de tus opiniones, o no hacerlo, y con tu malestar te apañas tú.