Cuando tenía 16 años, yo también fui de excursión de viaje de fin de curso de crucero (560€), y me pagué el viaje íntegramente vendiendo bollos y croissants puerta por puerta los domingos por la mañana, incluso conseguí un extra a mayores del coste del viaje. Es una buena manera de aprender lo que valen las cosas, hay que madrugar ese día, pero la gente queda encantada de que le lleven la bollería directamente a casa para el desayuno. Podéis barajar esa opción para financiar el viaje.