Independientemente del debate sobre si debes reducirte o no la jornada, o si lo debe de hacer tu marido en vez de ti (muy pertinente), tu madre no se aclara ni con el ordenador, ni con el móvil ni con la caldera porque es vieja, no porque dejara de trabajar. A mí también me pasa. Y tú vas a acabar como ella, te lo creas ahora o no.