Soy enfermera en planta de hospitalización con COVID 19 y mi marido autónomo, en concreto metalistero. Tengo la gran suerte de que aunque arriesgo mi vida y la de los míos no me va a faltar trabajo ni ahora ni cuando se termine esto. Pero para saber lo que realmente hay, tienes que vivirlo, tienes que ver morir turno tras turno a gente solita, sin familia, sin derecho a UCI. Si hubieras vivido eso no estarías pidiendo que dejemos de mirarnos el ombligo. No pidas empatía cuando a ti te falta. Salgo lo mínimo, compro lo imprescindible y mis hijos adolescentes siguen sin salir a la calle. En el hospital estamos esperando el repunte. No es miedo, es supervivencia.