Viernes de invierno. Siete días trabajados a las espaldas y por fin salgo de trabajar a las once de la noche. Con todo el fin de semana libre por delante.
Voy a ver a una amiga al bar donde trabaja y dudamos en si salir un rato o no. Al día siguiente es mi santo y es la excusa perfecta para salir un rato.
Vamos al bar de siempre, gente de siempre, karaoke de siempre… y me encuentro con una amiga de toda la vida con un grupo de chicos, entre ellos su churri.
Están en todo el medio y es imposible no molestarles al cruzar por el bar. Les digo con todo mi cariño “chiquis, estáis un poquito en todo el puto medio”. Y el rubio guaperas me dice “¿Y cómo se llama la borde?”. Les digo mi nombre y ponen cara de sorpresa. Conocían mi nombre porque es una de las Patronas del Ejército.

Con la tontería, nos juntamos su grupo y el mío. Cantamos, bailamos, nos reímos y nos lo pasamos genial.
Cuando cierran el bar, aún seguíamos en todo lo alto. Mis amigas con las que había salido deciden irse a casa, y me quedo con mi otra amiga y los militares. Estamos pensando posibles planes que hacer a las 3 de la mañana en un pueblo alejado de Madrid. Conclusión: No hay ningún plan. Y ellos proponen ir a su residencia militar a seguir con la fiesta. No pilla muy lejos. Están allí sus compañeros, con música y fiesta. ¿Existía mejor plan a esas horas? No. Pues allá que fuimos.
Conocí a un montón de gente. Bailé bachata, nos reímos muchísimo, cantamos… de todo. Pero con quien más hablé era con el guaperas rubio. Me contó que era de Valencia, que estaba en la residencia unas semanas al mes y el resto estaba en su casa. Que tenía una niña pequeña, una tienda, me contó historietas de soldaditos, las historias de sus tatuajes, sus problemas de salud… lo que es una conversación larga y extensa. Me parecieron majísimos todos, y coincidimos en que había sido una casualidad de la vida encontrarnos. Ya que yo únicamente salí esa noche por que al día siguiente era mi santo, y ellos habían salido también por una celebración.
A las 7 de la mañana, era una hora más que prudente para irse todos a dormir y yo a casa. Pero él me dijo que me quedase, que había habitaciones de sobra, que se quedaba más tranquilo si me quedaba allí que si cogía el coche y me iba.
No voy a desobedecer las órdenes de un Cabo, así que me quedé. Nos fuimos a su habitación, nos pusimos cómodos y me pidió cosquis en la espalda. Cuando estábamos a punto de quedarnos sopa, le dio por ponerse cariñoso y MAMMMA MIAA. Pero estábamos TAN cansados que se quedó ahí, algunos mimos, besos, caricias, subir la temperatura de la habitación y quedarnos dormidos más calientes que el fuego.
A las 10 de la mañana me desperté con él en coma enganchado a mi brazo. Intenté despertarle, pero fue imposible. Le dejé una nota en el espejo de la habitación y me piré.
Le mandé un mensaje al móvil para darle las gracias, para decirle lo mucho que me había gustado conocerle y lo flipante que había sido la conexión que habíamos tenido.
Pues… ¡Sorpresa!, después de toooodo lo que hablamos, que poco más y me cuenta su grupo sanguíneo; se le había olvidado decirme que además de niña, también tiene mujer.

Así que ahí acaba la historia. Me llevé una noche súper divertida, conocí a mucha gente interesante con la que hay intención de volver a coincidir cuando vuelvan a trabajar a la residencia, y me enrollé con un chico con el que creía que había habido una conexión brutal, pero a lo mejor solo fue efecto de la situación. Actualmente somos amiguis. ¡Qué noche más larga!