Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
2026 Y SIGO SIENDO FIEL A LA VECINA RUBIA
Sí, chicas, habéis leído bien: 2026 y sigo siendo fiel a la Vecina Rubia.
Porque para mí, leer a la Vecina Rubia nunca ha sido solo leer. Es un ritual. Una costumbre sagrada. Algo que empieza mucho antes de abrir el libro y termina mucho después de cerrarlo. Y siempre, siempre, incluye a mi mejor amiga Sandra.
Nosotras no leemos libros: los vivimos en directo.
Cada nueva historia es una excusa perfecta para escribirnos mensajes infinitos, mandarnos audios eternos, compartir memes absurdos y analizar cada capítulo como si estuviéramos resolviendo un crimen. Todo con una intensidad que no se le pone ni a los problemas reales.
Hay gente que me pregunta si de verdad me emociono tanto con un libro.
La respuesta es sí.
Y la explicación es que no lo entenderían aunque se la diera.
Porque hay capítulos que te hacen sonreír sola en el sofá. Otros que te hacen leer más despacio para que no se acaben. Y otros que provocan audios de cinco minutos gritando, riendo y diciendo frases como “NO PUEDE SER” o “YO ESTO NO LO SUPERO”. Como fans adolescentes en un concierto… pero con más ojeras y menos paciencia.
Lo mejor de todo no es el libro en sí. Es lo que genera.
Ese mensaje de “¿Has llegado ya a este capítulo?”
Ese “espérate, no leas más, que voy por ahí”
Ese debate eterno sobre si ese personaje es adorable o un desastre emocional con patas.
Y aunque nos separen mas de 400 kilómetros de distancia, un libro consigue que estemos exactamente en el mismo sitio. En el mismo punto de la historia. En el mismo subrayado mental. En la misma emoción compartida.
Nos reímos mucho de nosotras mismas, porque fangirlear a estas alturas parece un poco ridículo. Pero nos da igual. Nos hace felices. Nos conecta. Nos recuerda que seguimos teniendo cosas que nos ilusionan de verdad y amistades que se mantienen con risas, capítulos y audios absurdos.
Además, hay algo mágico en no saber quién es la Vecina Rubia. En que siga siendo un misterio. Como si eso hiciera todo aún más especial. Como si no ponerle cara ayudara a que cada una la sienta un poco suya.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que no soy fiel solo a la Vecina Rubia. Soy fiel a lo que representa: a las historias que acompañan, a las emociones compartidas, a las tradiciones pequeñas que sostienen amistades grandes.
Así que sí.
2026 y sigo siendo fiel a la Vecina Rubia.
Sigo comprando sus libros, sigo comentándolos como si fuera la primera vez y sigo disfrutando de esa sensación tan simple y tan potente de compartir algo que me gusta con alguien que lo vive igual.
Y aunque la vida cambie, aunque crezcamos, aunque tengamos menos tiempo o más responsabilidades, hay fidelidades que no se negocian. Algunas personas tienen rituales caros. Nosotras tenemos libros, audios interminables y la certeza de que, mientras haya una historia nueva, seguiremos ahí.
Porque algunos amores pasan.
Otros se transforman.
Y otros, como este, te dan la vida.
SOFIA ESTRELLA
