A mis ya 35 años he tenido sólo dos parejas sexuales: mi novio de la adolescencia y mi marido. Con mi novio del instituto las cosas fueron mal. Estaba en esa edad en la que los calentones nunca se me pasaban: no era capaz de correrme con él.
Cuando conocí a mi marido todo fue muy distinto. Tuve suerte, mucha suerte en todos los sentidos, pero en el sexual me tocó la lotería. Tuve mi primer orgasmo ya con 25 años, pero todavía me acuerdo de cada momento de esa vez. Fue BRUTAL, así, con mayúsculas.
Gracias a él empecé a disfrutar del sexo sin tabúes ni tapujos. Y, entre nuestras prácticas, está el pegging. ¿El qué? Pues que me pongo un arnés con un dildo y le doy por culo. ¡Toma ya! Pues menudo maricón está hecho tu marido. ¡Pis minidi miriquín istí hichi ti miridi! Vamos a abrir un poco la mente.
Mi marido no es homosexual, aunque no me sorprendería que quisiera probar un trío con otro hombre. Sin embargo, le gusta que le dé, así, con nuestro consolador de confianza.
Todo esto nada tiene que ver con su orientación sexual. Empezamos porque él tenía curiosidad y se dio cuenta de que, efectivamente, el punto G masculino está en esa zona y se pone a mil.
Obviamente, este tipo de práctica requiere de muchísima comunicación y nosotros la tenemos. Hablamos todo y tratamos cualquier tipo de asunto desde todas las perspectivas posibles, pero siempre con mucho cariño, respeto y empatía.
Hemos tenido que aprender juntos: qué si y qué no y hasta dónde. Tenemos nuestros lubricantes y sabemos que, en cuanto dejamos de disfrutar, no tiene sentido seguir.
Estos temas tabúes muchas veces lo son por lo cerrados de mente que nos volvemos o lo raros que pensamos que podemos llegar a ser nosotros con respecto al resto del mundo. Y en el sexo ni hay rarezas ni tabúes si no queremos y, paradójicamente, lo que en una pareja es tabú en otra puede ser el pan nuestro de cada día. Tenemos que normalizar lo que consideramos anormal
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Lo más duro, en mi caso, fue romper con el miedo a lo distinto y partir del hecho de que, anteriormente, yo no había disfrutado. Entendernos sexualmente con una pareja es tan complicado como hacerlo en cualquier otro ámbito y, al menos en nuestro caso, permitirnos indagar ha sido un gran logro.
Ahora estamos casados, somos padres y también somos amantes. Y espero no dejar de serlo. Probaremos lo que queramos probar y nos permitiremos los noes que consideremos necesarios. Eso sí, jamás juzgaré a un hombre al que le guste que le den, porque yo doy al mío y somos felices y comemos lo que buenamente queremos.
