Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Suena fatal lo sé. Es de esas cosas que no se pueden decir sin parecer una bruja sin corazón. Pero me pasa. A veces su forma de quererme me agobia.
Mi pareja es buena persona me quiere bien. Me cuida, me escucha, me tiene presente en todo. No tengo que pedirle nada porque siempre se adelanta. Si me nota triste, me pregunta. Si me nota cansada, se ofrece. Si no contesto al WhatsApp, a los cinco minutos tengo un ¿todo bien?.
Y es precioso. Pero también agotador. Y sé que lo hace con la mejor intención. Pero… ¿qué pasa si ese amor me está agobiando?
No se lo he dicho porque no quiero hacerle daño. ¿Cómo le explicas a alguien que lo está dando todo que igual está dando demasiado?
No quiero menos amor. Quiero menos intensidad. Quiero más pausas. Más ratos de no hablar. Más días en los que no pase nada y no haga falta analizarlo. Quiero poder respirar sin sentirme culpable por no estar todo el rato conectada emocionalmente.
A veces creo que el problema soy yo que no sé recibir amor. O que tengo una herida de independencia tan grande que cualquier gesto de cariño me suena a invasión. Pero otras veces creo que no, que simplemente todos tenemos una forma distinta de querer. Y la suya a veces me abruma.
No lo quiero menos. Pero a veces desearía que me quisiera… un poco menos.
