Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Esta es la pregunta que me llevo haciendo más de un año. Desde que soy padre me pregunto si todos los amigos que he hecho yendo al parque son amigos reales o si simplemente nos juntamos por conveniencia y casualidad. Si estas amistades duraran más allá de los años de infancia de mi hija.
Desde que empezamos a bajar al parque con la peque de la casa nos encontramos con que cada día conocíamos a una nueva familia, unos nuevos amiguitos para ella y unos nuevos adultos en nuestra misma situación vital con los que compartir angustias, alegrías y preocupaciones sobre la infancia. Cada día íbamos a un parque diferente, así que todo era novedoso y agradable, casi una aventura.
Pero poco a poco fuimos reduciendo la variedad de los parques a los que íbamos y terminamos por ir siempre a dos, los que más cerca están de nuestra casa y nos resultan más cómodos. Y hemos ido entrando casi sin darnos cuenta en una espiral en la que de la variedad y la aventura primigenias pasamos a una rutina que a veces llega a ser cansina: los mismos padres a las mismas horas en los mismos parques y los mismos días y, por supuesto, las mismas conversaciones una y otra vez. Hay días en que os prometo que si digo una vez más la palabra Blw o caquita exploto.
Pero es que además, en algún momento de locura colectiva, nos vinimos arriba y se nos ocurrió empezar a quedar los fines de semana también, que si a una ruta, que si a un parque de bolas, que si a la piscina de unos… Se está convirtiendo en una carrera de a ver a quién se le ocurre el plan más guay y quién tiene la casa más chula y preparada para niños.
Nuestros hijos son felices, se lo pasan pipa y por eso seguimos bajando al parque un día tras otro repitiendo la misma anécdota de juventud al menos tres veces por semana. La cuestión es que con la mayoría de papás con los que nos juntamos, en realidad no tenemos nada que ver, más allá de la felicidad infantil de nuestros hijos. Por eso me pregunto si con el tiempo conseguiremos encontrar puntos en común reales y mantener estas amistades o si, con el tiempo, nuestros hijos crecerán y tendrán otros amigos y nosotros seremos libres de esta «falsedad cotidiana».
