Siempre he odiado ir al ginecólogo. Prefiero un millón de veces que me saquen una muela a tener que subirme a esa camilla y poner los pies en los estribos. Días antes de la cita ya estoy desesperada buscando excusas para no ir, es terrible lo mal que lo paso.
Pues bien, hace unos meses que en una citología me detectaron una ligera anomalía, lo que me hizo tener que pasar por una serie de pruebas y revisiones más repetidas. De entrada, mi peor pesadilla. Mi ginecólogo de toda la vida me recomendó visitar a otro especialista que podría darme muy buenos consejos sobre lo que me pasaba, y allí que fui, con cero ganas pero al final la salud es lo primero.
¡Ay amigas…! Si que te anden en los bajos es súper incómodo, imaginaos lo que pasa cuando el que lo hace es un doctor hiper simpático, atento, jovencito y con unos ojos alucinantes. Si es que cuando todavía no me estaba explorando ya lo estaba yo sufriendo pensando en que semejante alucine de hombre fuese a verme el asunto así en frío.
Pero es que el tema no se queda aquí. Como os dije, he tenido que ir a varias consultas casi semanales, y eso ha hecho que esa tontería que empecé teniendo por mi médico pasase a lo que parece algo más. Hablamos mucho, diría que demasiado, más allá de mi problemilla médico. Siempre que voy me atiende súper bien, pero al final siempre dejamos a un lado el tema profesional y nos tiramos una media hora charlando de nuestras cosas. Muy fuerte esto.
Sé que abordar a un profesional en su trabajo es algo muy poco ético, incluso por lo que he leído (sí, me he intentado informar jaja) sé que él se podría meter en un lío si tiene algo conmigo siendo su paciente, pero es que algo me dice que debemos quedar fuera de su consulta porque hay más que química entre nosotros. No sé qué hacer chicas, la semana que viene tengo de nuevo consulta con él y ya estoy nerviosa por volver a verlo.
¿Qué me recomendáis vosotras que sois tan sabias en esto del amor? Jijijiji