Empezaría con un “querida amiga”, pero conociéndote, eso te va a hacer enfadar aún más, así que mejor no lo hago.
Soy consciente de que cada persona es un mundo, que todos somos diferentes y sobre todo, que todos, absolutamente TODOS, tenemos defectos y cosas en las que estamos trabajando pero te prometo que esta no la he visto venir.
Se que no estás bien pero lo que pasó el mes pasado, supera todas las expectativas. Tengo que decirte que estuve haciendo un análisis de lo que pasó todo el camino hasta el lugar al que nos dirigíamos en el viaje más silencioso que he hecho en mi vida así que voy a empezar por recordar los hechos:
5.30 am, un día no laborable, preparándonos para salir hacia una actividad que a quién le hace ilusión es a ti, pero a la que me apunto porque al final son de esas experiencias vitales que uno tiene que probar para decir: “oh shit, definitivamente esto no es lo mío”. Salimos y se producen una serie de ruidos en el exterior que son inevitables, pero que en mi opinión, parcialmente estuvieron alentados por lo que tú hiciste. Te digo que es muy temprano para estar haciendo ruido y te piras súper cabreada al coche.
Como ya nos conocemos, entro al coche, dispuesta a aclarar lo sucedido ya que, efectivamente, parte de los ruidos no son culpa tuya pero tampoco estabas ayudando. Como sé que a veces las cosas salen de mi boca con peor tono del que tienen en mi cerebro, dispuesta a reconocer eso, intento aclararlo, sobre todo para no fastidiar el día. Y aquello explota. Explota tanto que aún no se ni por donde me vino… llorando, gritando…
Me permito un inciso aquí: Una de las cosas que creo que si he conseguido en estos últimos años es aguantar el tipo cuando las cosas escalan de esta manera, tanto en el trabajo como a nivel personal, he conseguido no ponerme en el mismo modo salvaje, al menos a la primera, seguir hablando de manera suave e intentar buscar una manera asertiva de redirigir la conversación.

Pero nada funciona, siguen los gritos y los llantos por algo que a mí no me parece grave. Y claro… reconozco que tengo un límite, me canso de no conseguir que me hables normal y bien, de que no escuches lo que yo estoy diciendo, de que no me ayudes a entender que c*ñ* ha pasado y suelto una de mis perlas… Ahí, en ese momento, ya sé que la he cagado pero, sinceramente, no sé cuánto puede aguantar una persona sin saltar con la que me estabas liando, ¡si llegaste incluso a inventarte cosas que yo no había dicho!
Estos son los hechos, narrados intentando ser aséptica, reconociendo que pude tener parte de culpa y sabiendo también, que toda historia tiene dos versiones. Seguro que tu punto de vista es distinto y me hubiera encantado escucharlo pero no he tenido esa opción.
Así que viendo el percal, ese día opto por el mítico “venga, vamos a hacer como que no ha pasado nada, a lo mejor podemos reconducir la situación”. Parecía una buena idea por si te daba vergüenza pensar en cómo habías reaccionado, quería intentar ponerte las cosas fáciles para que te calmaras y pudiéramos hablar como adultas. A los 10 minutos, dejé de intentarlo porque además de no funcionar, es terriblemente ridículo hablar solo de esa manera. Así que me pasé otra hora (y otras cuantas vueltas que le he dado después en las últimas semanas) pensando en lo que había pasado, repasando cada frase que se dijo, las circunstancias atenuantes que existen, la forma de ser de cada una… Y no consigo entender porque te enfadaste así, lo siento.
De verdad que he hecho examen de conciencia desde entonces… Ese día pensé que a lo mejor había sido yo, que había tenido unas semanas muy malas y que ya te vale, que podías haberme dado un poco de cancha antes de ponerte así… Pero eso no valía, porque falla la primera premisa: por muy bronco que fuera mi tono con el tema del ruido, no se justifica lo que pasó. También falla la segunda: Si yo no estoy pasándolo bien, tú tampoco, y por eso tengo que ser yo la que te dé un poco de cancha a ti. Eliminamos el bonus extra de gilipollez permitida por situaciones complicadas adyacentes de la ecuación: como he dicho, no valía para mí pero tampoco para ti.
Entonces pienso que ese día me echaste en cara durante tu arrebato cosas súper bizarras de días anteriores, cosas que además yo pensé que ya habíamos aclarado… que te abrí las puertas de mi casa todo el fin de semana para que todo saliera genial, que me desviví para que estuvieras cómoda (cosa que, claramente, falló también en algún punto), que no te has dignado a intentar aclarar las cosas dejándome hablar desde entonces… Ese día opté por sacar a pasear la «nevera» y dejarte dentro un rato, el resto del camino, porque todavía hoy no consigo ver qué había sido tan grave para justificar lo que acababa de pasar. Una vocecita en mi cabeza dice: «bueno, déjala, no está bien por muchas cosas y a lo mejor ella también está haciendo examen de conciencia y se acerca a hablarte o hace algún gesto de acercamiento y entonces puedes intentar sacar tú el tema de nuevo».
Nop. Nain. Zero…
Volvemos prácticamente en silencio de nuevo a casa, con algunos conatos de acercamiento que me dan algo de esperanza, pero en realidad tenemos otra hora y pico de viaje silencioso y terriblemente incómodo y te marchas. Entras en MI casa, recoges y te marchas sin mirar atrás, sin un amago de arreglarlo, sin dedicarle a esta amistad ni 30 segundos de tu tiempo… Para mi está claro que todos hacemos cosas mal, por supuesto, que mi tono pudo sonar peor de lo que yo creo o quería que fuera, pero ¿no poder hablarlo? ¿Llevar las cosas tan al límite? Es de locos… ☹
Lo siento, pero me bajo aquí. No puedo ayudarte, ni siquiera estoy segura de que quieras que te ayude… pero estoy segura de que no soy yo lo que necesitas como amiga. Siento si te ha podido parecer en algún momento que no soy una buena amiga, no soy buena con los detalles y tengo defectos en los que estoy trabajando, pero no me había dado cuenta de lo sujeta por alfileres que estaba esta amistad si una cosa, en mi opinión ojo, tan absurda hace estallar todo por los aires. Te he sacado de la «nevera» y estoy moviendo tus cosas al rincón oscuro, ese que cierro con llave con las cosas que duelen dentro. Me temo que no se gestionar estas cosas de otra manera y también sé que esto funciona aunque quizá no sea lo más sano.
Espero que el proceso en el que estás trabajando con tu psicóloga te ayude, pero yo no voy a quedarme a esperar el resultado porque solo podemos ser amigas en la distancia. Cuando estamos juntas, siempre hay algo que te molesta, algo que hace que te cambie la cara, es necesario medir todas las palabras y opiniones sobre los temas más variopintos para que la aparente calma no desaparezca de repente, y yo no quiero vivir así porque las amistades se eligen, y yo creo que hace unas semanas tú ya elegiste por las dos.
Quiero cerrar esta carta con algo que a lo mejor otros no te van a decir, quizá porque les importas menos de lo que me importabas a mi: No, no es normal ponerse así, no es normal no querer hablar las cosas y no puedes tener siempre la razón. Lo siento.
Espero de corazón que te vaya estupendamente.
Fdo.: A