Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Llevo soltera seis años y ahora estoy en un momento en el que me da igual lo que venga. Casi todo me va a parecer bien: follamistad, amistad, relación seria…Una tiene sus límites, Pero digamos que estoy bastante abierta a amoldarme a varios tipos de relación.
Con ese estado de ánimo conocí a Salvador (nombre falso), que era un chico poliamoroso, interesado en relaciones sexuales poco convencionales (tríos, BDSM, Shibari…). Desde el principio dejó claro que, aunque estaba abierto a charlar y parecía que la cosa estaba fluyendo, si no íbamos a ser follamigos, él no quería nada. Me pareció genial que fuera tan sincero y directo. Él sí que aceptó que yo necesitase primero quedar cara a cara para decidir qué tipo de relación quería, dentro de las que él estaba ofreciendo.
No es que me haga la difícil, porque considero que no lo soy. Pero sí es verdad que, hasta ahora, nunca he decidido follar con alguien a quien no conociera en persona.
Total, que quedamos, nos tomamos algo, fuimos a cenar y, aunque no me volviera loca por sus huesos, acabamos teniendo relaciones esa misma noche.
Lo de que no me encantase era una ventaja porque, de todas formas, ya habíamos establecido que no íbamos a tener nada serio. Así que la cosa pintaba bien para una follamistad (y yo no estaba cerrada del todo a algunas de sus ideas de relaciones no convencionales). Total, que parecía que habíamos establecido cómo iban a ser nuestros encuentros.
Pues eso fue un jueves. El sábado me escribe por whatsapp y me suelta una bomba: la otra chica con la que él mantiene una relación poliamorosa, ha dado positivo en Hepatitis A, que me avisaba por si yo quería hacer algo al respecto (habíamos utilizado preservativo, pero no durante los preliminares).
En ese momento me cago en todo lo cagable y agradezco a las coincidencias de la vida que yo ya tenía una cita cogida para hacerme una analítica de ETS al mes siguiente. No obstante, empecé a hacer trámites para intentar adelantarla, o vacunarme, o lo que hiciera falta. Cuando ya llevaba varios días de trámites y había conseguido que me adelantaran la analítica, me dice el huevón que no se acordaba, pero que él estaba vacunado ya contra la Hepatitis A. De todas formas, me hice las pruebas y estoy bien. Así que el problema no es ese. El problema es que le hice muchas preguntas sobre su vida sexual y la de sus otras parejas, porque me parecía lógico no fiarme ya de nada. Pues va el tío y se ofende porque no entiende que él tenga que darme datos de la vida privada de otras personas. Yo flipo. ¿No os parece normal que pregunte?
Pero es que, además, cada vez que yo le iba informando de algún avance tipo: esta tarde tengo cita con el médico de cabecera, he conseguido adelantar mi analítica, etc. él respondía que muy bien y que le parecía que lo mínimo que podía hacer él en esa situación era avisarme de que podía haber un contagio. Lo dijo tantas veces que daba la sensación de que se sentía orgulloso de ser una persona decente y avisar de ese tipo de cosas. Como si quisiera que le diera las gracias, o lo felicitase, por hacer lo correcto. Alucino con este tío.
Hemos vuelto a quedar un par de veces, pero, aunque él ha intentado volver a acostarse conmigo, yo no tengo intención ninguna de volver a meterme en la cama con él. Antes me meto a monja, que será más aburrido, pero, por lo menos, me evito esta clase de sustos.
