Los hechos son los siguientes:
-Él es 10 años mayor que yo.
-Fue un crush a primera vista.
-Llevábamos casi 3 años posponiendo un «café prometido».
-Tiene un máster en sexología (y esto me pone…)
Para no hacer la historia larga, larguísima solo resumiré lo más relevante de estos años evitando relacionarnos y a la vez buscándolo. Lo «nuestro» siempre ha sido más por el lado intelectual y un flirteo inocente, fuí la típica «Teacher’s pet», cualquier cosa que necesitara para la logística de la clase yo me ofrecía a ayudarle y desde mi silla era la sabelotodo insufrible, una Hermione perversa que buscaba colarse en la vida del profesor. La clase: Psicoterapia Sexual y cuánto material había para coquetear con el hombre quien respondía sutil y elegantemente.
En fin, terminé el curso por fechas decembrinas y le llevé un regalito que permitió tener nuestra primera conversación fuera del aula y la química se hizo presente. También un poquito de tensión entre los dos. Seguimos en contacto inmersos en la dinámica Maestro-Alumna, charlábamos muy poco durante las vacaciones (no es alguien de redes sociales) pero cuando volví a la Universidad nos encontrábamos casualmente en los salones donde ahí si platicábamos de la vida, del pasado, del futuro.
Tal vez me estoy enrollando demasiado y solo es una bonita amistad pero ¿cómo ignorar sus comentarios en clase hablando de las minifaldas que llevaba? Déjenme soñar un poquito pero ahora quiero que me ayuden a volver a la tierra.
Por fin la semana pasada me atreví a aceptarle una salida, un café inocente, seis horas en una coffee shop, 3 bebidas diferentes, muchas risas, descubrir todo lo que tenemos en común…
El acuerdo de un próximo café pero que quedaba en mis manos porque «al parecer nunca tengo tiempo y es mejor esperar a que pueda como hoy.» -textualmente.
¿Por qué no había dicho que «sí» antes?
Tenía miedo de pasarla tan bien como terminó siendo.
Tenía miedo de no dejar de pensar en él y volverme loca cuando lo veo online y que me entren las ganas de hablarle aunque sé que siempre está ocupado en la clínica.
Tenía miedo de no poder ignorar ese máster en sexología y todo lo que insinuábamos en las clases.
Tenía miedo de no dejar de pensar en su posición favorita, en las minifaldas que le gustan y en mis malditas hormonas.
Y aquí estoy, justo donde sabía que iba a llegar cuando fuéramos por ese café.