Me salió sin pensar, y lo mismo he sido grosera, pero detesto que me saquen la radiografía. Que me miren, bueno, vale, pero que se me queden mirando como si no hubieran visto a una mujer en diez años me parece exagerado, la verdad. Así que le he dado una contestación que no se esperaba.
Estaba en el Mercadona con mi madre, y yo creo que no llevaba una ropa tan provocativa, era un simple vestido que me llega al medio muslo, medias con un dibujito del Pájaro Loco y un escote muy normalito, nada que veas y digas “buf, esta mujer es que va dando el espectáculo”, no. Pero el caso es que mientras comprábamos un par de cosillas, me veo a un tío de unos sesenta que no deja de mirarme. Y la primera vez que le ves mirándote y te sostiene la mirada, bueno, le das las buenas tardes y ya. Pero cuando ves que te va siguiendo por los pasillos y cada vez que te vuelves le ves mirándote las piernas… pues te empiezas a rayar un poco.
Mi madre se coscó también y me susurró que me diera prisa en coger lo que fuera, que mira que si nos seguía, que mira que… yo traté de quitarle importancia “será coincidencia, no te apures”, pese a que sabía de sobra que me estaba sacando el patrón. Ya frente al estante de los huevos, me vuelvo y le veo que ni parpadea y tiene una mano metida en el bolsillo del pantalón. Y lo mismo el hombre estaba buscando la cartera, pero ya no me pude contener:
“¿¡Qué!? ¿¡Cómo tenemos los huevos?!” dije en voz alta, con una gran sonrisa más falsa que un euro de madera. La gente se volvió y el tío, se conoce que al verse puesto en evidencia, pues ya se cortó un pelo y se piró por ahí. Con las mismas, se lo dije al cajero, “mira, que lo mismo soy yo que estoy exagerando, pero es que hay un señor que no ha dejado de seguirnos y…”, “¿un tío mayor, bigotes y nariz grande?”, me preguntó, y sí, era así. El cajero puso los ojos en blanco y dijo que iba a avisar, porque parece ser que le conocían.
Mi madre, la pobre, descompuestecita, ahora dice que no quiere volver a ese Mercadona. No me extraña.
Delice
