Hola chicas,
Os escribo por primera vez en este foro para contaros una historia que, aunque pueda parecer sacada de una película, es completamente real.
Conozco a mi novio desde hace varios años. Él es de Nigeria y yo soy Catalana, nos conocimos en Berlín, cuando yo estaba cursando mi máster. En aquel momento, él decía estar haciendo también un máster en otra universidad. Nuestra relación empezó de forma normal, incluso tranquila. Nada parecía fuera de lugar.
Hace dos años decidimos mudarnos a Madrid: él puede teletrabajar y yo quería estar cerca de mi familia. A él le pareció una buena idea desde el primer momento, sin poner ninguna pega.
El problema es que, desde hace un tiempo, tengo miedo de mi novio. No porque sea una mala persona, ni maltratador, ni abusivo, ni porque se esté aprovechando de mí. De hecho, siempre ha sido correcto, educado y aparentemente generoso. El miedo viene de otro sitio: de la sensación constante de que no lo conozco realmente.
Empiezo a pensar y me cuesta incluso escribirlo porque suena exagerado que está metido en algo turbio o que trabaja para alguna organización poco clara. En los momentos de mayor inquietud, la idea se me va todavía más lejos y llego a preguntarme si podría estar trabajando como espía o en algo parecido. Sé que suena absurdo, casi paranoico, pero es un pensamiento que vuelve una y otra vez, sobre todo cuando intento encajar todas las piezas.
Estas sospechas no han surgido de la nada; se han ido acumulando poco a poco.
Primero, nunca me dice exactamente a qué se dedica. Siempre repite que es arquitecto de software y que trabaja como freelancer, pero cuando intento profundizar un poco más, cambia de tema o responde con frases vagas. No hay proyectos concretos, ni clientes claros, ni historias laborales detalladas.
Segundo, no tiene amigos “de antes”. No hay nadie de su infancia, de su adolescencia, ni de su etapa universitaria previa. Las únicas amistades que menciona son personas que supuestamente conoció durante su máster, un máster que, como descubrí después, nunca existió.
Tercero, jamás me ha presentado a su familia. Nunca he hablado con ellos, nunca he hecho una videollamada, nunca he recibido un mensaje. Su familia es casi una idea abstracta, algo de lo que se habla, pero que no tiene forma real.
Y cuarto, esto ya es más difícil de explicar, sabe demasiado. Demasiado de demasiadas cosas. No hablo de cultura general, sino de temas muy específicos: tecnología, geopolítica, idiomas, historia reciente. A veces habla con una seguridad que no parece aprendida, sino vivida.
Hace unos días fui a visitarlo a su casa y, mientras subía por las escaleras, lo escuché hablar por el ordenador. No era inglés, ni alemán, ni ningún idioma que yo conociera. Me sonó a ucraniano o ruso. Hablaba rápido, en voz baja, concentrado. Me detuve un segundo, sin hacer ruido. No estoy exagerando ni imaginando cosas: lo escuché claramente y me recorrió un escalofrío difícil de explicar y después entré a saludarle, le pregunté que qué era este idioma, me dijo que era un reel de instagram, me quedé flipada con la facilidad y descaro con la que me mentía, le salía tan natural que me asusta, este chico me asusta.
Después de eso empecé a investigar por mi cuenta, más por necesidad que por curiosidad. Y fue entonces cuando descubrí que no estaba matriculado en la universidad en la que decía estudiar y que, en realidad, no hizo ningún máster. Esa fue la primera vez que tuve una prueba clara de que me había mentido.
Además, cuando nos mudamos a Madrid, me propuso vivir en pisos separados. Me dijo que necesitaba su espacio, que no era nada personal, y que no tendría ningún problema en ayudarme a pagar el alquiler porque tiene suficiente dinero y que, de hecho, le haría feliz hacerlo. En su momento me pareció extraño, pero acepté. Ahora ese detalle vuelve a mi cabeza con otra luz.
He hablado de todo esto con mi mejor amiga y me ha dicho que tenga mucho cuidado, que observe, que investigue y que no ignore lo que siento solo porque no tenga aún todas las respuestas.
No sé qué pensar. No sé si estoy viendo señales donde no las hay o si llevo años sin querer ver lo evidente.
Os leo.
