Hola chicas!!
Después de casi 2 meses aprendiendo a vivir sóla me siento preparada para explicar qué ha pasado con mi vida estos últimos 6 años. Necesito ponerle palabras para que después vuelen, compartirlo porque esto es una historia real y no un cuento de loca.
Me he separado, le pedí que se fuera. Lo habia intentado todo, dejándome en 2o o 3er plano de prioridad. Lo prometo, todo. Pero ese día cuando me preguntó si «yo sabía pensar» algo dentro de mí hizo clack y supe que sólo podía correr.
Vi pasar por delante mío todos los momentos que deberían haber sido felices y no lo fueron, como el día que se mudó conmigo, o lo mudé yo sola porque él desapareció para ir a tomar copas con sus amigos. O el estreno de mi primer espectáculo, que acabó en gritos y reproches en el momemto que me subí en el coche y le pedí que bajara la música, porque lo de tener momentos bonitos nunca fue lo nuestro. Mi cumpleaños sorpresa, al que me arrastró mi mejor amigo entre lagrimas y con los ojos hinchados después de otra desaparición de él.
O el fin de semana que habíamos quedado para ir a la playa y una vez más se esfumó, con la diferencia que yo acabé en la puerta de su casa esperándole, dentro de una ambulancia con un ataque de ansiedad mientras él salía por la puerta de atrás para seguir de fiesta.

Ha sido muy difícil gestionar esta despedida, supongo que por eso ha tardado tanto en llegar. Cuando te hacen creer que no haces nada bien, que tu trabajo (que para mí es mi vida) es una tontería, que eres de esas personas que todo lo malo que les pase se lo merecen por malas, y poquito atractiva claro, por ese motivo tu pareja ni te mira, ni te toca ni te besa, pueeees… Sí, no es fácil decir adios a la persona que en principio es la única que va a «quererte» aunque sea de esa forma, puede que no te merezcas otra forma.
Hace 2 años fui a una psicóloga, creía que estaba loca, que me merecía los gritos, las amenazas, los desplantes, las noches en vela esperando a que volviese, la necesidad de encontrar la manera de merecerme su aprecio. Me dijo que tenía que salir de ahí, pero me quedé porque delante de la gente era el novio perfecto y me faltaba el aire cada vez que pensaba que podía irse para siempre.
Y un clack… Un clack de la nada… No sé si me curaré, no sé si algún día le explicaré todo esto a mi gente cercana. Si lloraré todo el daño que me he hecho a mí misma (a él no lo culpo), pero esto ya es un gran paso. Hace 4 días volvió a amenazarme porque alguien le hacía llegar pantallazos de mis redes sociales, una foto con mis hermamas le molestó: «ves con cuidado con lo que pones por ahí». Y sí, he ido con cuidado. No volveran a encontrar nada mío, me he escondido para no tener miedo, porque no quiero seguir siendo la sumisa que siempre se ha sentido culpable.
Esta es mi historia, y hoy la escribo para mañana poder gritarla sin rencor, sin vergüenza pero con mucha esperanza en la vida que me espera con los brazos abiertos. Ahora toca volver a bailar.
Gracias por ser las confesoras perfectas