Buenas, gente. Antes de nada deciros que no se si estoy posteando esto en la categoría correcta, pero no sabía en qué otro lugar verterlo.
El tema es que ayer viví una situación incómoda en el autobús cuando regresaba del trabajo.
Al subirme y arrancar el bus me tambaleé un poco por el movimiento y tras sentarme al fondo, un hombre que iba solo en los asientos de cuatro se giró para preguntarme si me encontraba bien. Le contesté con tono simpático que si, que simplemente había sido por el arranque del bus y que gracias por preguntar. Creí que pudo pensar que me había mareado y agradecí internamente que aún hubiese personas así por la vida. ¡Ja!

En seguida me puse nerviosa porque, durante un buen rato, estuvo echando miradas hacia atrás donde yo estaba sentada sola. (El autobús iba casi vacío, además).
Y finalmente sucedió. Se levantó y se dirigió hacia mí, apoyándose en el asiento que estaba justo delante y me dijo algo que no escuché porque llevaba los cascos.
Me saqué uno y estaba diciendo «… tienes unos ojos muy bonitos.» Le contesté con un seco «gracias» y me volví a poner el casco, rezando porque no insistiese.
Para mi suerte fue así, se dio la vuelta y regresó a su asiento aunque, claro, ahí comenzó mi mal rato. Las paradas pasaban y él no se bajaba. ¿Se bajaría antes? ¿Iba a coincidir nuestra parada? ¿Iba él a hacer coincidir nuestra parada?
Al final se bajó antes y todo el plan de escape que yo estaba montando en mi cabeza planeando entrar en una cafetería cerca de la parada se esfumó, pero el asunto me tuvo pensando un buen rato.
«Solo» me dijo que tenía ojos bonitos. No hizo nada más, no insistió, no fue maleducado o pesado. ¿Estaba siendo yo una exagerada? ¿Debía replantearme mi actitud negativa hacia los piropos en la calle provenientes de desconocidos?
Y entonces pensé que, si cuando un hombre nos aborda por la calle para decirnos algo que ellos consideran amable, ninguno siguiese insistiendo después de la negativa probablemente seríamos menos reticentes a escucharlos.
Pero el problema es que eso no sucede. Ocurre en muchas ocasiones que el piropo se torna en abuso, en acoso. Que un simple «oye, guapa» se puede convertir en una experiencia terrorífica.
Y quizás estoy dramatizando demasiado una momento que no ha sido más allá de incómodo pero no se… Quería contaros lo sucedido y saber que pensáis.
Un abrazo